ÉXODO 3:14 Y DIJO DIOS A MOISÉS: YO SOY EL QUE SOY. Y AÑADIÓ: ASÍ DIRÁS A LOS HIJOS DE ISRAEL: ``YO SOY ME HA ENVIADO A VOSOTROS. ESTE ES UN BLOG CRISTIANO, HECHO CON AMOR Y FE, CON LA ÚNICA FINALIDAD DE DIVULGAR LA PALABRA DE DIOS, Y DAR UN PASO MAS PARA LLEGAR A SER GRATO ANTE SUS OJOS.
viernes, 22 de julio de 2016
¿QUÉ ES EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO? ¿CÓMO SE RECIBE?READ
jueves, 21 de julio de 2016
¿CÓMO SABER SI TENEMOS EL ESPÍRITU SANTO?
El Espíritu Santo es uno de los dones más maravillosos de Dios. ¿Cómo puede un cristiano estar seguro de tener el Espíritu Santo?
¿Cómo saber si tenemos el Espíritu santo?
En lugar de apagar el fuego del Espíritu, Pablo nos
anima a que “avivemos el fuego del don de Dios que está en nosotros…”
Uno de los grandes dones de Dios es el Espíritu
Santo, y por medio de él Dios nos da muchos otros dones maravillosos. El
Espíritu Santo le da al cristiano el poder y entendimiento espiritual que hacen
posible que nos parezcamos más a Dios y eventualmente podamos heredar la vida
eterna. Debido a esto, es muy importante saber cómo se puede recibir el
Espíritu Santo, cómo podemos avivarlo y si realmente lo tenemos.
¿Cómo se recibe el Espíritu Santo, según la Biblia?
Jesucristo dijo a sus discípulos que recibirían el
Espíritu Santo después de su muerte. En el día de Pentecostés, la Iglesia de
Dios comenzó con grandes milagros y Pedro, inspirado por Dios, describió las
condiciones para recibir el Espíritu Santo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno
de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis
el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Otra forma podría ser, que una
persona creyente recibe el Espíritu Santo a través de la imposición de manos de
un ministro verdadero, después de haberse arrepentido y bautizado (Hechos
8:14-17). Los requisitos que Dios nos pide para poder recibir su Espíritu son
el arrepentimiento, la fe, el bautismo y la imposición de manos. Por lo tanto,
si una persona no ha seguido estos pasos no puede tener el Espíritu Santo
dentro de sí. ¿Cómo evitar que el Espíritu se apague, según la Biblia? En su
apasionada súplica de arrepentimiento, David le ruega a Dios “no quites de mí
tu santo Espíritu” (Salmos 51:11). Él sabía que si no se arrepentía
continuamente de sus pecados y no buscaba a Dios constantemente, estaría en
peligro de cometer el pecado imperdonable, pues Dios no perdona a quien no se
arrepiente. Pablo también advirtió al pueblo de Dios sobre el peligro de
afligir, descuidar o apagar el Espíritu Santo (Efesios 4:30; Timoteo 4:14; 1
Tesalonicenses 5:19). Para evitar que suceda esto, un cristiano, debería hacer
lo opuesto a estas cosas. En lugar de afligir al Espíritu, deberíamos pedírselo
a Dios diariamente, dejarnos guiar por dicho Espíritu y “sembrar” para éste
(Efesios 1:17-18; Gálatas 5:16; 6:7-8). En vez de apagar la llama del Espíritu
Santo, deberíamos seguir el consejo del apóstol Pablo cuando dice “te aconsejo
que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis
manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor
y de dominio propio” (2 Timoteo 1:6-7).
¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo en nosotros?
En la Biblia se describen varias cosas que el
Espíritu Santo nos permite hacer. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, el
Espíritu nos permite entender cosas espirituales que serían incomprensibles
para un ser humano sin tenerlo dentro de sí (1 Corintios 2:10-14). A través de
la oración y el estudio de la Biblia, el Espíritu Santo nos ayuda a crecer en
el entendimiento del plan de Dios y de nuestro papel en dicho plan. Además, el
Espíritu escribe la ley de Dios en nuestro corazón y en nuestra mente, ayudándonos
a vivir según la voluntad de Dios y a pensar como Él piensa (Hebreos 8:10). Nos
permite transformar o cambiar nuestra mente (Romanos 12:2). Jesucristo dijo que
el Espíritu Santo nos sería de gran ayuda y nos guiaría (Juan 14:16; 26;
16:13). Una de las evidencias más importantes es que “…el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones” (Romanos 5:5). El amor divino está descrito
con más detalle en 1 Corintios 13:4-8. Aunque a todos nos falta mucho, un
cristiano debería notar el progreso de este fruto en su vida. En Gálatas
5:22-23, el apóstol Pablo nombra otras importantes manifestaciones del fruto
del Espíritu Santo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
Por consiguiente, los cristianos se deben examinar para ver si se está
manifestando dicho fruto en ellos, y pedirle a Dios constantemente que les
conceda misericordiosamente su Espíritu para crecer más y más. Dios tiene un
plan para nosotros. Nuestra parte en dicho plan consiste en arrepentirnos,
bautizarnos y recibir el Espíritu Santo, el cual transformará nuestra mente
para que seamos cada vez más semejantes a Dios. Al orar, someternos y avivar el
Espíritu, veremos el crecimiento espiritual que demuestra que el Espíritu Santo
sí está obrando en nosotros.
miércoles, 20 de julio de 2016
LAS MALAS PALABRAS Y EL CRISTIANO
LOS CRISTIANOS NO DEBERÍAN DECIR GROSERÍAS
Toda persona sabe que hay palabras que usamos para demostrar nuestro estado de ánimo o para ofender, dañar o descalificar al prójimo. A estas palabras las denominamos los venezolanos como “groserías”, palabras “soeces” o “vulgaridades”; entre esas palabras también se cuentan las “maldiciones” o “maledicencias”.
1 Corintios 6:10: ni los ladrones, ni los avaros,
ni los borrachos, ni los MALDICIENTES, ni los estafadores, heredarán el reino
de Dios; triste final para aquellos que se rehúsan a mejorar su vocabulario
soez.
CONCLUSIÓN
Se entiende que el cristiano que tiende a decir
vulgaridades viene de un mundo viciado, acostumbrado a decir malas palabras o
groserías por la cultura familiar o de la nación misma; sin embargo la orden de
Dios a acatar por todo aquel que se profesa cristiano es: Efesios 4:22: En
cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está
viciado conforme a los deseos engañosos.. Levíticos 18:30 Guardad, pues, mi
ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de
vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios. Si eres
cristiano, por obediencia a Cristo y en honor a la nueva naturaleza que se te
ha concedido. RENUNCIA A LAS PALABRAS OBSCENAS y se ejemplo de “fe, conducta y
amor”, siguiendo el consejo de nuestro amado apóstol Pablo cuando recomienda a
Tito: presentándote en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza
mostrando integridad, seriedad…
Dios te bendiga.
¿CÓMO DEJAR DE DECIR GROSERÍAS O MALAS PALABRAS?
• Cuéntale, o confiésale al Señor en oración de
rodillas tu problema, manifiéstale tu arrepentimiento y el deseo de cambiar tu
vocabulario.
• Practica el amor al prójimo, míralo con ojos de
compasión y no con ojos de venganza o rencor.
• Sustituye palabras vulgares por palabras que te
edifican o edifiquen al que te oye…. Por ejemplo cuando te martilles un dedo
di: ¡Aleluuuuya!.
• Si alguien
te ofende con una grosería, sigue el consejo de Jesús, respóndele con una
bendición (sincera, no con los dientes apretados).
• Aléjate de las personas que no respeten tu fe
diciendo groserías en tu presencia.
martes, 19 de julio de 2016
UN CAMINO MÁS CERCANO A DIOS
EL CRISTIANO Y LAS BUENAS OBRAS
I. LOS CRISTIANOS EXISTIMOS PARA HACER "BUENAS OBRAS"
A. NO MAL ENTENDER EL "PROPÓSITO"
DE LAS BUENAS OBRAS...
1.
No son para "comprar" o "ganar" nuestro camino al cielo
2.
Dios nos salva por Su GRACIA, no por nuestras OBRAS – Ef 2:8-9; Tito 3:4-7
3.
Sin embargo, como el pueblo de Dios, ¡hemos sido creados en Cristo Jesús para
hacer buenas obras! – Ef 2:10; Tito 2:11-14; 3:1,8,14
B. ¿POR QUÉ, ENTONCES, DEBEMOS HACER BUENAS
OBRAS?
1. ¡Ellas traen gloria para Dios! – Mt
5:16; 1 Ped 2:11-12
2. Ellas pueden preparar al incrédulo
para ser más receptivo al evangelio – 1 Ped 2:12; 3:1-2
3. Ellas demuestran la naturaleza
viviente de nuestra fe – Stg 2:14-17
4. Ellas son necesarias si vivimos para
ser como Jesús – comparar Luc 6:46 con Hech 10:38
A. ALGUNAS BUENAS OBRAS SON
"ESPIRITUALES" EN NATURALEZA...
1. Hablando a otros de la gracia de Dios
– 1 Ped 2:9-10
a. Podríamos no ser del todo
"maestros" en un sentido formal – 1 Cor 12:27-31; Stg 3:1-2
b. ¡Pero todos podemos compartir con
otros la gracia maravillosa de Dios en Cristo Jesús!
2. Animando a otros cristianos – Heb 3:12-13
a. Podemos ser un "Filemón"
o un "Estefano" – Filemón 7; 1 Cor 16:15-18
b. Por ejemplo, por medio de cartas,
llamadas, visitas, estudios bíblicos
3. Restaurando a hermanos débiles – Gál
6:1-2
a. Puede ser un "Bernabé"
(el cual ayudó a Juan Marcos)
b. La importancia de esta obra es
vista a la luz de Stg 5:19-20
B. OTRAS BUENAS OBRAS SON MÁS
"FÍSICAS" EN NATURALEZA...
1. Jesús no limitó sus buenas obras a las
cosas espirituales – Luc 7:22
2. Ni esperó limitar las buenas obras a Sus
discípulos
a. Ver la "Comisión
Limitada" – Mt 10:7-8
b. Ver la "escena del
juicio" – Mt 25:34-40
3. Así como algunos podrían ser agraciados
en talentos y oportunidades para "enseñar", así otros podrían ser
agraciados en "servir" en áreas de servicio físico – Rom 12:3-8
a. Tal como ser "dadivoso"
b. Tal como "mostrar
misericordia"
4. Las mujeres pueden ser especialmente
fructíferas en esta área...
a. Porque ellas con frecuencia tienen
más flexibilidad en el uso de su tiempo
b.¿Por qué no ser una
"Dorcas"? – Hech 9:36-39
CONCLUSIÓN
1.
Sin importar en que pudiéramos servir al Señor, las "buenas obras"
son una SEÑAL DE LA
RELIGIÓN PURA – ver Sant 1:27
2.
También es una LLAVE PARA LAS BENDICIONES ESPIRITUALES (felicidad) – Stg 1:25;
Hech
20:35
3.
Así que asegurémonos de tener en mente la amonestación de Pablo a Tito...
"Los que creen en Dios procuren
ocuparse de buenas obras." (Tito 3:8)
ALGUNAS
PREGUNTAS PARA ESTIMULAR SUS PENSAMIENTOS...
1.
¿Qué tipo de buenas obras "espirituales" está haciendo, o está
preparando Usted mismo para hacerlas?
2.
¿Qué tipo de buenas obras "físicas" está haciendo, o espera hacerlas
algún día?
3.
¿Quién debe recibir la gloria cuando Usted está orando por buenas obras?
Por
Mark Copeland
lunes, 18 de julio de 2016
¿SERÁ QUE DIOS ME AMA?
Sabemos que Dios es amor (1 Juan 4:8). Sabemos que Dios ama al mundo (Juan 3:16). Pero, ¿nos ama Dios como individuos? ¿Me ama a mí, un pecador? ¡Sí! La escritura está repleta de afirmaciones del amor de Dios por los individuos.
En el Antiguo
Testamento, se nos presenta no sólo la historia de un grupo étnico. Nos
encontramos con personajes individuales, con quienes Dios habló y se relacionó.
Moisés, José, Jonás, Job, David, Ester, Rut, Jabés, Agar, y más. A Dios le
importaban estos individuos, de los cuales, algunos no eran ni siquiera
Israelitas.
En el Nuevo
Testamento, vemos el amor de Dios vestirse de pellejo humano. La salvación es
la demostración más grande del amor de Dios por cada uno de nosotros (1 Juan
3:16). Jesús se humilló no sólo tomando forma humana, sino también
permitiéndose ser asesinado brutalmente por los pecados que nosotros cometimos
(Filipenses 2:5-8). Esto lo hizo con gozo (Hebreos 12:2). Y lo hizo mientras
estábamos todavía muertos en nuestros pecados (Romanos 5:6-11; Colosenses
2:13). No impresionamos a Dios ni lo persuadimos que nos salvara. La salvación
proviene completamente de su corazón de amor. Jesús se hizo pecado para que
nosotros fuéramos hechos justos; nos brindo nueva vida (2 Corintios 5:17, 21).
Nos salvó con este propósito. Somos la obra maestra de Dios (Efesios 2:8-10).
Parte de este propósito es compartir el amor de Cristo con los demás.
Un cuadro hermoso de
este amor fue cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos. Fue la tarea de un
humilde siervo fregar los lodosos pies de las visitas. Después de hacerlo,
Jesús dijo, “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros.
Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De
este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los
otros.” (Juan 13:34-35). Jesús estaba interesado en mostrar el amor, no sólo a
sus discípulos, sino a otros también. Sanó a muchos; proveyó comida para los
hambrientos; les habló a los marginados de su época, aun a una mujer samaritana
(Juan 4). Jesús amó a las personas de manera individual. Su ministerio no fue
transmitido públicamente, sino llevado a cabo uno por uno. Escogió a un grupo
de doce discípulos, y a un círculo más íntimo de tres. Habló con los individuos
a quienes sanó. No excluyó a los que no eran israelitas, sino compartió su amor
con quienes lo recibieran.
Tal vez uno de los
pasajes más conmovedores en la Biblia es Juan 17, que registra lo que a veces
se llama la oración sumo sacerdotal. En ella, Jesús oró por sus discípulos.
Siempre oraba por futuro creyentes – nosotros. Antes de su crucifixión Él
pensaba en nosotros, no en una manera negativa ni acusadora. Pensó en nosotros
y oró “para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti,
permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me
has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como
nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección
en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a
ellos tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado estén
conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me
amaste desde antes de la creación del mundo. Padre justo, aunque el mundo no te
conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado
a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has
amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos” (Juan 17:21-26). Jesús quiere
que nosotros estemos unidos los unos a los otros, unidos a Él, para estar con
Él, conocerlo a Él, y experimentar su amor. Esta no es una oración acerca del
mundo o un grupo de caras sin nombre. Es una oración por individuos.
Leer la Palabra de Dios
es una forma excelente de descubrir su amor por nosotros. Esto es algo de lo
que dice:
Tú creaste mis
entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una
creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis
huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi
cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se
estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. (Salmo 139:13-16)
... y él les tiene
contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo;
ustedes valen más que muchos gorriones. A cualquiera que me reconozca delante
de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el
cielo. (Mateo 10:30-32)
El ladrón no viene
más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la
tengan en abundancia. (Juan 10:10)
Así como el Padre me
ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si
obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido
los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para
que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. (Juan 15:9-11)
Y ustedes no
recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu
que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» El Espíritu
mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos,
somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora
sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. (Romanos 8:15-17)
A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los
justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a
esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El
que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,
¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?... Sin
embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los
demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo,
ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha
manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:30-32, 37-39) Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy
amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por
nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. (Efesios 5:1-2) El Señor
no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien,
él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que
todos se arrepientan. (2Pedro 3:9)
El que tenga oídos,
que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré
del maná escondido, y le daré también una piedrecita blanca en la que está
escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe. (Apocalipsis 2:17)
domingo, 17 de julio de 2016
¿QUÉ QUISO DECIR JESÚS CUANDO DIJO:" NIÉGATE A TI MISMO,TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME?
¿Es usted de las personas que todavía no salen de una, cuando les llega la otra? O ¿Se encuentra relajado, viendo pasar la vida sin problemas?¿Le gustaría “tirar la toalla” y dejarse caer cuan largo es viendo hacia el cielo o cerrando los ojos?¿Le gustaría dejarse caer y permitir que otro haga lo que usted tiene que hacer?¿Le gustaría dejar en manos de otra persona el control de su vida?
Para apoyar su respuesta a las primeras cinco preguntas, a no ser que haya una persona que me refute lo que voy a decir, estoy seguro de que usted es una de esas personas que terminan el día agobiadas, no tanto por el trabajo, sino por las preocupaciones que no se terminan en un día, sino que parecen ser la norma de vida de todos los días.
Muchas veces no acabamos de salir de una situación
que nos quita la tranquilidad cuando ya tenemos otra encima, provocando el
deseo de salir corriendo y dejar todo atrás, sin importarnos lo que pudiera
pasar. En ese momento quisiéramos que alguien se haga cargo de lo que estamos
viviendo, sea en el trabajo o sin él, en el hogar, en la escuela o en la vida
cotidiana. La vida nos ofrece todos los días aflicción, desgaste físico y
emocional, frustración, desesperación, lo que hace que no veamos la belleza de
la creación, que también sufre al igual que nosotros, el desgaste, la
contaminación y el desprecio de los seres humanos. Este es un panorama que no
estaba en los planes originales de Dios, pero no los descartó, sino que fueron
considerados en su amor por su creación. Como la gracia de Dios es y siempre
será más grande que cualquier pecado, nuestro creador, a través del Hijo,
decide cumplir el plan de introducirse en su creación para sanarla, redimirla
hacerla nueva; en la resurrección de Jesús, emerge una humanidad totalmente
nueva. Con Él de nuestro lado, ¿Quién podrá derrotarnos? Él dice: “porque mi
yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mateo 11:30) Sin embargo, Jesús, en sus
enseñanzas, nos dejó una invitación por demás insólita: “Si alguien quiere ser
mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme”. (Mateo
16:24) NVI. Ver también: (Marcos 8:34) y (Lucas 9:23) La Nueva Traducción
Viviente nos lo presenta así: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor,
tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme”. La
declaración e invitación que nos hace nuestro Salvador tiene tres aspectos por
demás interesantes, si es que aceptamos dicha invitación: Negarse a sí mismo Tomar
nuestra cruz Seguirlo. Cuando formulé la pregunta: ¿Le gustaría dejarse caer y
permitir que otro haga lo que usted tiene que hacer?; estoy seguro que después
de estar agobiado y completamente sin fuerzas (no digo físicas nada más, sino
emocionales también), es auténtica la necesidad de dejarle a otro(a) nuestra tarea.
Cuando Dios nos permite llegar a este punto, en el cual nos sentimos
completamente derrotados y “en el hoyo”, como lo expresa el rey David en sus
Salmos, es cuando valoramos la misericordia, la bondad y la compasión de
nuestro Dios amoroso. Este es el paso que precede a “negarse a sí mismo”; que
es lo que conocemos como quebrantamiento. Cuando nos damos cuenta de que
nosotros no podemos controlar nuestra vida, todo lo que nos pasa está fuera de
nuestro alcance. Necesitamos de alguien que nos lleve de la mano como cualquier
invidente, vulnerable y débil, ante la realidad que no vemos, ¡Sólo confiamos! Y
cuando experimentamos la mano cálida y amorosa que nos saca del abismo, es
cuando Dios nos conduce al pleno “negarse a sí mismo”. Dejar de ser los dueños
y señores de nuestras vidas; y permitir que Dios, quien nos conoce mejor que
nosotros mismos, decida por nosotros, ya que Él sabe muy bien qué es lo que más
nos conviene. No le pregunté qué respuesta habrá dado a la última pregunta: ¿Le
gustaría dejar en manos de otra persona el control de su vida?; porque casi
estoy seguro que para contestarla lo pensó dos veces: ¿Entregarle a otro(a) el
control de MI vida?, ¡NO! La naturaleza humana es así; aunque estemos en las
peores circunstancias, queremos seguir siendo los dueños de nuestra vida. Pero
si contestó afirmativamente, entonces usted confía en su Señor; usted está
“negándose a sí mismo”. Ahora sólo le falta tomar su cruz y seguir a su
Salvador. ¿Se ha preguntado por qué Dios le pide algo que a usted no le agrada,
si es que dice que lo ama con un amor sin medida? ¿No podría Dios, en nombre
del amor que le tiene, dejarlo que usted siga gobernando su vida? Sin embargo,
¿Se ha puesto a pensar cuánto escatimó Dios para poder darnos la vida eterna y
vivir una comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por siempre? En
Juan 3:16 nos dice que “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo,
para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios
no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por
medio de él”. En Colosenses 1:21 (NVI); “En otro tiempo ustedes, por su actitud
y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos”. Y en
Romanos 5:10 (DHH), “Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos
reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos
salvados por su vida, ahora que ya estamos reconciliados con él”. Si usted le
cree a Dios, entonces se dará cuenta de que aunque no quisimos buscarlo, Él nos
buscó y nos encontró, si no, veamos que nos dice en Juan 6:44 (NVI): “Nadie
puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el
día final”. Todas estas Palabras ratifican lo expresado en Juan 3:16-17; nos
dan una visión y una imagen del gran amor de Dios por su creación, es un amor
de dimensiones cósmicas, que trasciende nuestro limitado entendimiento. Al
llegar a este punto le pregunto: ¿Acepta la invitación de querer ser un
discípulo amado de Cristo? Si la respuesta es afirmativa, entonces tome su cruz
y sígalo. Pero ¿Qué significa llevar nuestra cruz? Primero veamos qué significó
a Cristo llevar su cruz. Jesús, siendo el Hombre y Dios a la vez, para sanar a
toda la humanidad, debió haber tenido en cuenta que en su humanidad debería
caber toda la humanidad presente, pasada y futura. Dicha humanidad tenía las no
gratas características de ser vil, ruin, perversa, malvada y otras
“preciosidades” de este tipo (Jeremías 17:9). En realidad el pecado de la
humanidad, la muerte anunciada desde el jardín del Edén, creció enormemente y
existía la necesidad de destruirla para volver a ser la humanidad que había
sido planeada desde antes de la creación de todas las cosas, una humanidad
santa y sin mancha en el Hombre-Dios: Cristo Jesús. Así que Jesús hizo morir
todo pecado, toda maldad, toda perversidad, toda depravación de la humanidad en
su propio cuerpo humano finito y frágil, fácil de destruir y escogió el
instrumento más perverso de aquella época y quizá de todas las edades: la cruz,
destinado para los delincuentes más perversos, un instrumento vergonzoso y
repulsivo. Para cumplir su misión expresada en Lucas 4:18-19: «El Espíritu del
Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los
pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los
ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el
tiempo del favor del Señor»; Jesús tuvo que tomar su cruz porque para emerger
como una nueva humanidad, habría que sanarla a través de su muerte en la cruz y
la tumba. El nuevo hombre emergido de esa tumba abierta y vacía salió para
mostrarnos que su amor lo había llevado a exclamar: “¡Consumado es!”. Esa es la
cruz que Cristo tomó y pudo cumplir su misión en comunión con el Padre y el
Espíritu. Ahora nos dice a nosotros que seamos sus discípulos, pero más que
discípulos, nos considera sus hermanos y nos dice que Él ha roto las cadenas y
abierto las rejas de la esclavitud y la prisión del pecado y de la muerte;
ahora somos completamente libres y llenos de Dios. Sin embargo, todavía no vemos esto como una realidad porque aún
seguimos en este cuerpo, anclados en el tiempo y el espacio, en una sociedad y
en un mundo todavía llenos de maldad, por eso nos dice que, así como Él lo
hizo, tomemos nuestra cruz para que nada nos impida seguirlo, así como Él tomó
la suya y nada ni nadie le impidió llevarnos al Padre y al Espíritu para
conocer, gozar y vivir ese gran amor que Él es. ¿Ya descubrió su cruz? ¿Está
dispuesto(a) a llevarla? Ahora no estamos solos, el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo están en nosotros para allanarnos el camino. Llevar nuestra cruz
significa vivir lo que nos resta de humanidad en comunión con nuestro amoroso
Dios, sin abandonar este cuerpo donde todavía mora el pecado ni este mundo
donde nos desenvolvemos diariamente, sufriendo y completando los sufrimientos
de Cristo, como nos dice el apóstol Pablo. ¡Esa es su cruz! Llevarla con
dignidad como Cristo la llevó puesto que su propósito era más importante que
vivir las delicias de esta vida, y nuestro propósito es regresar a casa, de
donde salimos con la finalidad de volver santos y sin mancha en Jesús. Dios nos
dice en Romanos 12:1-2 NTV “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que
entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que
sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa
es la verdadera forma de adorarlo.No imiten las conductas ni las costumbres de
este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al
cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de
Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”. Esa es nuestra
cruz. ¿Está dispuesto(a) a llevarla? Así como Simón de Cirene ayudó a Jesús a
llevar el instrumento de su muerte, Jesús nos ayuda a llegar al final.¿Está
dispuesto(a) a seguirlo? Eso es lo que Él desea de todo corazón. No
menospreciemos ese amor tan grande. Sigamos a Cristo ya que en Él estamos
seguros para siempre, cuando llegue el momento en que “Él les secará toda
lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor”
(Apocalipsis 21:4)
No
sé qué pensó cuando leyó el título de este artículo, ¿Le causó tal reacción que
estuvo tentado(a) de dejar de leerlo? Si es así, ¿Qué le parece ahora? ¿Está
dispuesto(a) a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir al Rey de Reyes y
Señor de Señores? Lo invito a decirle a Cristo: “Espérame, te estoy siguiendo”.
Esto le causará el mayor gozo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; y harán
fiesta en el cielo y lo más significativo, nosotros somos los invitados de
honor ya que somos la novia del Rey y después de la fiesta, viviremos un
matrimonio eterno. Dando, recibiendo y viviendo una vida de amor, gozo y
alabanza, tal como nuestro amoroso Dios lo merece.
Es posible que este artículo no sea del todo
popular para mis amigos lectores. No obstante, con gran humildad y con un
corazón que anhela seguir las pisadas de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, traigo ante
ti un pasaje de la Palabra de Dios que debe ser tomado con toda la solemnidad y
atención que se merece. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Sn. Mateo
16:24 Niéguese a sí mismo Cuando el pasaje habla de negarse a uno mismo, nos
está hablando de entregarnos de tal manera a Su control, que el “yo” no tenga
ningún derecho. Pero también de que no queremos seguir nuestros propios planes
ni servir a nuestros propios intereses, sino depender en todo de Dios, y no
importando si tenemos que sufrir todo cuanto Él tenga programado para nosotros.
Desconocemos los planes de Dios para nuestras vidas y nadie puede adivinar
nuestro futuro, pero lo que sí es cierto es que no tenemos que preocuparnos por
ello, solo Dios lo sabe, él sabe guiarnos cuando nosotros nos entregamos
completamente a él no importando que eso afecte nuestros propios intereses
personales terrenales. Tomar la Cruz. Cuando Jesús nos hace el llamado a tomar
la cruz, nos llama a estar dispuestos a sufrir oprobio, padecimientos y quizá
el martirio por causa de Él; morir al pecado, al yo, y al mundo. Además de que
quizá nos vamos a encontrar con la oposición de los seres queridos, calumnias y
oprobio y en muchas ocasiones un camino de soledad. Eso no quiere decir que
todo el mundo nos vaya a odiar ni que toda nuestra vida vaya ser un calvario,
sino lo que el pasaje nos está diciendo, es que cuando nos entregamos
completamente a Dios, también estamos dispuestos a todo lo que tengamos que
enfrentar por su causa. Seguirle. Al Jesús decir “Sígueme” nos está llamando a
vivir como él vivió y con todo lo que ello implica. A veces queremos ser
discípulos de Cristo mientras serlo no se entrometa en nuestro estilo de vida,
en nuestras preferencias, en nuestras comodidades. El llamado de Jesús a
seguirle también es una invitación a una relación marcada por abnegación,
intimidad personal pero a la vez de alegría infinita. Cuando nosotros mismos
nos llamamos cristianos, proclamamos al mundo que todo sobre nosotros,
incluyendo nuestra identidad personal misma, se cimenta en Jesucristo porque
nos hemos negado a nosotros mismos para seguirlo y obedecerlo. Él es tanto
nuestro Salvador como nuestro Soberano y nuestras vidas se centran en agradarlo
a Él. Esa es la identidad del cristiano, Seguir las pisadas de Jesucristo, no
importa todas las voces que tú y yo escuchemos a nuestro alrededor, al final
del día, nuestra entrega debe ser sólo a él y vivir guardando su Palabra.
Rubén Ramírez Monteclaro
sábado, 16 de julio de 2016
LA FE NO ES UN SENTIMIENTO
Entendiendo como confiar en Dios
Me serví un vaso de limonada fría, le saqué punta a un lápiz, y saqué mi Biblia, deseoso de comenzar mi tarea. Temprano en el día, el profesor de mi curso de escuela de verano, nos había dicho: “Traigan a la clase un reporte de todo lo que el libro de Romanos dice acerca de la fe.” Parecía como que era una tarea fácil, algo que no tomaría mucho tiempo.
Pero me llevé una sorpresa. Pronto descubrí que la
palabra fe aparece muchas veces en el libro de Romanos y que mi estudio tomaría
más tiempo del que había pensado.
Definiendo la palabra fe
Mi mente retrocedió ocho años cuando por primera
vez me uní a una comunidad Cristiana. En ese entonces no entendía lo que era
caminar en fe. He avanzado en mi entendimiento, pensé. Pero aun con todo lo que
había aprendido acerca de la fe, me di cuenta que todavía no podía definirla.
Sé que la Biblia hace cientos de referencias sobre
la fe como por ejemplo: “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17), y “Esta es
la victoria que ha vencido al mundo –nuestra fe” (1 Juan 5:4). Pero me
sorprendió que no pudiera llegar a una simple y personalizada definición de la
palabra; nunca había completado el enunciado: “Para mí la fe es
____________________________.”
Entonces oré, Señor, ¿cómo definirías Tú la fe?
Una historia vino a mi mente, en la que Jesús le
dijo a alguien: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe.” ¿Qué era eso que Jesús
llamaba “tanta fe”?
Rápido busque el pasaje en Lucas 7 acerca del
centurión que quería creer que Jesús podía sanar a su leal sirviente que estaba
cerca de la muerte. El centurión le dijo a Jesús: “Solo di la palabra, y mi
sirviente será sanado” (Lucas 7:7) Entonces el centurión uso un ejemplo
personal para ilustrar que entendía lo que significaba dar la orden y ser
obedecido.
En respuesta al centurión, Jesús se volteó a la
multitud que Lo seguía y dijo: “Les digo que ni aún en Israel he hallado una fe
tan grande” (Lucas 7:9). Jesús parecía estar diciendo que “una fe tan grande”
era simplemente tomar Su palabra.
¿Podría esta definición ser confirmada en algún
otro lugar en la Escritura? Ya que Hebreos 11 es a menudo citado como el “salón
de la fama de la fe,” me dirigí ahí.
Creer Su Palabra
Después de leer y releer el pasaje, con todas sus
referencias de la frase “por fe,” empecé a ver que toda la gente mencionada
ahí, tenía algo en común: Sin importar de quien hablaba el autor de Hebreos,
cada persona allí mencionada, simplemente había creído Su palabra y obedecido
Su mandato. Y son recordados por su fe.
Por ejemplo, Dios le dijo a Noé que construyera un
arca porque El iba a traer una inundación masiva. Noé creyó la palabra que Dios
dijo y construyó el arca. Dios le dijo a Abraham que se fuera a un lugar que
recibiría como herencia. Abraham creyó la palabra que Dios dijo, dejó a su
tierra, y se fue.
Dios le indicó a Sara, la cual ya había pasado la
edad para tener hijos, que concebiría un hijo. La Escritura dice: “Ella
consideró que El que le había hecho la promesa era fiel.” Creyó lo que Dios le
dijo.
Sin tomar en cuenta las circunstancias, a pesar de
los argumentos lógicos y de la razón, y sin importar cómo se sintieron, cada
persona mencionada en Hebreos 11 le creyó a Dios y a Su palabra y escogió ser
obediente.
Empecé a preguntarme: Si Lucas 7 y Hebreos 11
ilustraban una fe tan grande, ¿habría algún pasaje que ilustrara una falta de
fe?
Entonces recordé un incidente en Marcos 4 en el que
Jesús acababa de terminar un día completo de predicación y enseñanza en las
playas de Galilea. Les dijo a sus discípulos que se fueran al otro lado del
mar. Inicialmente, creyeron la palabra de Jesús, se subieron al bote con Él, y
se dirigieron al otro lado. Pero cuando se levantó una tormenta, se atemorizaron
y perdieron la confianza de que realmente llegarían a la otra orilla. Cuando
Jesús les preguntó: ¿“Cómo es que no tienen fe?” (Marcos 4:40) El pudo haber
dicho: ¿“Porqué no creen a Mi palabra?”
Siempre me ha encantado el primer versículo de
Marcos 5: “Y llegaron al otro lado del mar.” La palabra de Jesús probó ser
cierta.
A través de mi estudio de esos tres pasajes, he
llegado a una definición simple y viable: La Fe es creer lo que Dios dice. No
estaba seguro si terminaría mi reporte sobre todo el libro de Romanos en cuanto
a la fe, pero sabía que había aprendido algo que fue muy significativo en mi
caminar con Dios.
¿Qué dice Dios acerca de Su Palabra?
Todavía tenía una pregunta más. Si la fe se trata
de creer en la palabra que Dios dice, ¿qué dice Dios acerca de Su palabra?
Encontré la respuesta en la Escritura misma:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras
jamás pasarán.” (Mateo 24:35)
“La palabra del Señor permanece para siempre.” (1
Pedro 1:25)
“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la
palabra de nuestro Dios permanece para siempre.” (Isaías 40:8)
Estos versículos me decían que todo en la vida
puede cambiar, pero la Palabra de Dios se mantiene constante. Su verdad nunca
cambia. Estaba empezando a vislumbrar cómo la fe en las promesas de Dios me
podía afectar el resto de mi vida.
Por ejemplo, Yo soy muy emocional, a veces estoy
tan feliz que pienso que nunca voy a estar triste otra vez. Otras veces estoy
tan triste que pienso que nunca voy a estar feliz otra vez. . . y a veces no
siento nada.
Pero así como son de fluctuantes y fuertes mis
sentimientos, la Palabra de Dios es
Mas verdadera que cualquier cosa que sienta, Mas
verdadera que cualquier cosa que experimente
Mas verdadera que cualquier circunstancia que
enfrente, Mas verdadera que cualquier cosa en el mundo
¿Porqué? Porque el cielo y la tierra pasarán, pero
la Palabra de Dios no pasará. Esto significa que sin importar lo que yo sienta
o experimente, puedo escoger depender en la Palabra de Dios como lo único que
no cambia en mi vida.
Veo esa noche de verano y esa tarea como un momento
crucial en mi vida. Innumerables ocasiones desde entonces, cuando las
circunstancias y sentimientos parecen más reales que mi vida misma, he escogido
creer que lo que dice la Palabra de Dios es más cierto que cualquier otra cosa.
He escogido caminar por fe.
A veces esa opción ha sido difícil.
¿Qué acerca de los sentimientos?
Hubo veces después de esa noche de verano en que no
sentí el amor de Dios. Pude haber escogido vivir con ese sentimiento, dejarlo
que me llevara a un estado de auto-compasión, o pude decir: “Señor, no me
siento amado. Esa es la verdad. Ahí es donde me encuentro ahora, pero Señor, Tu
Palabra dice que Me amas, de hecho, Tú has dicho que me has amado con amor
eterno, Tú nunca dejas de amarme (Jeremías 31:3). Tu amor por mi es una cosa
que permanece cuando todo lo demás se cae (1 Corintios 13). Tu Palabra dice que
no hay parcialidad en Ti. Eso significa que Tú no amas a nadie en este mundo
más que a mí. Así que, Señor, Te agradezco que soy amado por Ti (Hechos 10:34).
Tu Palabra es más verdadera de como yo me siento.”
Empecé a darme cuenta que esta clase de respuesta a
mis sentimientos me dio libertad para 2 cosas: 1) ser honesto con Dios acerca
de mis sentimientos y 2) escoger creer la Palabra de Dios cuando mis
sentimientos se contraponían con Sus promesas.
En otras ocasiones me había sentido sólo o
deprimido. Mi corazón literalmente me dolía de angustia por las circunstancias
que rodeaban mi vida, y en esos momentos era más tentado a dudar de la verdad
de la Palabra de Dios. Pero en lugar de eso, escogí voluntariamente creer Su
Palabra. Miles de veces mis oraciones han empezado: “Señor, me siento. . . pero
Señor, Tu Palabra dice. . .”
Y he visto como Él alinea mis emociones con Su
Palabra, en Su propio tiempo y a Su manera.
Fuimos creados como seres emocionales
Cuando he sido tentado a condenarme a mí mismo por
cómo me siento, me ha ayudado recordar que Dios nos creó a Su imagen y que esa
parte de Su imagen es que somos seres emocionales. Tener sentimientos no está
mal. Aún Jesucristo tuvo sentimientos. Él no “intentó sentir.” El no escondió
Sus emociones; en lugar de eso, Él las llevó a Su relación con Su Padre. El era
honesto, real, auténtico. En el Jardín de Getsemaní, la noche antes de Su
crucifixión, la Escritura dice que Jesús se sentía “triste”, “angustiado,”
“abatido”, “en agonía” (Mateo 26:37,38; Marcos 14:33; Lucas 22:44). Jesús
expresó como Se sentía y confió en el Padre en medio de Sus sentimientos.
Nosotros también, tenemos completa libertad para
ser sinceros con el Señor acerca de nuestros sentimientos, para decirle
honestamente como estamos y lo que pasa en nuestras vidas.
¿Cómo respondemos?
La Biblia promete que, para aquellos de nosotros
que verdaderamente amamos a Dios, todo lo que pasa en nuestras vidas tendrá el
efecto de moldearnos a la imagen de Cristo (Romanos 8:28, 29) Algunos de
nosotros puede ser que hayamos orado alguna vez algo como esto: “Señor, oro que
me hagas más como Tú. Que me conformes a la imagen de Cristo.” A menudo, lo que
realmente queremos es que Dios nos dé un anestésico para no estar conscientes
cuando El nos hace una cirugía en nuestros corazones para conformarnos el
carácter perfecto de Cristo. ¡No queremos despertar hasta que la transformación
este completa! Queremos los resultados pero no el doloroso proceso.
Pero Dios no trabaja de esa manera. El Señor está
preocupado por lo que atravesamos, pero creo que está mas preocupado por la
manera en que respondemos a eso que estamos pasando. Esa respuesta es un asunto
de nuestra voluntad. El permite las pruebas, las tentaciones, y las presiones
de la vida para que tengamos la oportunidad de responder o creyéndole a nuestros
sentimientos y las experiencias de la vida o creerle a Él y a Su Palabra.
He aprendido a acostumbrarme a creerle a Dios en Su
Palabra – ¡y ahora es un habito! Tu y yo podemos, o crecer acostumbrados a
escuchar nuestros sentimientos, pensamientos, y circunstancias, dejándolos que
nos controlen, o podemos habituarnos a creerle a Su Palabra a pesar de nuestros
sentimientos y las experiencias de la vida. Necesitamos escoger con nuestra
voluntad creer que Su Palabra es más cierta que nuestros sentimientos.
He hecho un compromiso de toda la vida de depositar
mi vida en la Palabra de Dios, y Dios ha honrado ese compromiso. Y sin embargo
ha habido momentos en que pude fácilmente haberme retractado de mi compromiso
porque no podía creer que algo fuera más cierto que lo que estaba pasando –
veces cuando mis sentimientos se han intensificado 180 grados en dirección
opuesta de la Palabra de Dios pero una y otra vez he encontrado a Dios siendo
fiel a Su Palabra.
Por Ney Bailey
SENTIR LA PRESENCIA DE DIOS
APRENDAMOS A BUSCAR LA PRESENCIA DE DIOSPARA ELLO HACE FALTA INTENSIDAD Y HAMBRE
Tenemos que aprender a buscar la Presencia de dios, para ello hace falta intensidad y hambre. Todo esto va envuelto en una nube de la presencia de Dios. Con los cinco sentidos que Dios nos ha dado es para discernir todo lo que nos pasa. Generalmente es muy fácil sentir su Presencia cuando todo alrededor es una balsa de aceite, pero decir que estamos sintiendo la Presencia, ¿habiendo disensiones entre las hermanas? No puede ser en absoluto.
Debemos
por el Espíritu Santo llegar incluso a corregirnos sin temor de ofensas (si no,
no sería por el Espíritu Santo). Humanamente hacemos cosas para imitar que
tenemos la presencia, pero esto no lleva a ninguna parte.
Si
de verdad ofendemos en palabra o en hechos a alguien, la verdadera Presencia
hace que rectifiquemos y nos tiremos al suelo para pedir perdón. Hoy el pueblo
de Dios en general, no practica el pedir perdón, es más, incluso se le ha
olvidado, reconocer sus falta. ¿Cómo de esta manera intentan hablar del Amor de
Dios, de la comprensión? Ante los ojos de Dios, nuestra vidas están expuestas y
el día que estemos ante su Persona, Él nos preguntara ¿Qué es lo bueno que no hiciste?
¿No perdonaste? Al perdonar desde lo profundo del corazón, es cuando sentimos
de verdad su Presencia. Sin ese perdón no se alcanza la Unidad de las mujeres
en el Pueblo de Dios en general.
Todos
decimos amar a Dios con todo el corazón (incluso las religiones más
importantes) pero lo que nos puede hacer diferentes a los hijos de Dios es la
capacidad de perdonar como Jesús. Obedecer su Palabra es la base de una vida
congregada y decidida a servirle. No viene la presencia tan fácilmente y sin
perdón. Sentir un temblor o un escalofrío no define ni lejos la Presencia. Sin
cambiar mi actitud y mis ofensas, mentimos si decimos que tenemos su Presencia.
Los demás lo pueden decir según nuestro ejemplo y testimonio.
Oír
estos temas y no meditarlos en el corazón es como preparar una comida deliciosa
y sólo olerla y no probarla.
Empezar
a reconocer lo vacías que estamos, es lo mejor para pedir perdón nosotros
primero.
El
Amor de Dios no actúa por libre, es exclusivo del Perdón sin condición. El
Perdón de Jesús dice “Ellos no saben lo que hacen…” nos pensamos que a nosotros
nos hacen más que al Señor.
La
Presencia que se siente al mirar al Dios Vivo es incomparable. La Presencia y
el Amor de Dios miran a la derecha donde está el prójimo necesitado.
Mientras
uno mira al Cielo sino mira al prójimo no agrada a Dios.
Los
sentimientos, las penas son muy traicioneras y no hemos de obedecerlos.
Para
sentir su presencia hay que tener la boca cerrada y no considerar los
sentimientos que nos rodean. Su Presencia es pura y se marcha cuando nuestro
corazón no reúne los requisitos. La misma Presencia de Dios no te hace hablar,
te hace estar en la prudencia del silencio. Él es justo y no quiere que nos
defendamos a nosotros mismos, porque nos equivocaremos seguro.
El
Amor de Dios nos limita, es decir, no nos permite muchas cosas. Este nos enseña
a caminar en la vida cristiana pero cambiando todo lo viejo. No quiere su Amor
dar paso a rebeldías, envidias etc. del pasado. Si no cambio de verdad no puedo
hablar de su Presencia, de experiencias en visiones, todo eso es falso, falso. Con
la Presencia, podemos llegar al final de los días, aunque afligidos, pero con
su Presencia. El Dios bueno hace que en medio de la tribulación y la
persecución sintamos el Amor de Dios y su Presencia, como en el caso de los Pastores,
tienen sus espaldas cosidas de cuchillos de murmuración, pero el Dios del Cielo
se encarga de traer Paz a sus vidas. La Presencia te prepara para recibir la
persecución. No es la misma que tienen los ministerios que el pueblo. En el
caso de los Pastores de Samaria, un ángel del Señor le avisó por visión a la
Pastora de que venía una prueba muy fuerte a casa, le dijo que estuviera firme
y preparada. Esta experiencia, la asustó en principio pero luego le ayudo a
estar preparada para recibir el golpe. Para mantener su Presencia de continuo,
Maru no permite nunca, nunca, que le hablen nada malo de ninguna congregación.
Si me hablan mal de otra iglesia, seguro que también lo harán de la mía
después. Cada pastor dará cuenta de la iglesia que está guiando. Una
congregación sin el Amor de Dios y sin la Presencia crea confusión en la
sociedad. Cuando hay una obstinación en las mentes, es muy difícil entender el
camino. Los sentimientos deben quedarse al lado del camino y mirar a la meta
solamente. Su Presencia debe acompañarnos siempre. A veces incluso en lugares
que visitamos hemos sentido una mala presencia (del diablo) y esto nos
perjudica y debemos salir de ahí. Las personas Ungidas por su Presencia
desprenden una dulzura y una paz que contagia. La Presencia se trasvasa de los
Pastores a las personas sensibles al Espíritu. Las cosas del Espíritu siempre
merecen un respeto con temor. A veces el contraste de su Presencia con los
sentimientos de las personas crea un contraste muy fuerte; pero nunca debe
provocar miedo.
La
Presencia es sobrenatural y no hace desfallecer pero no se puede comparar con
nada natural. Su Presencia es más que una experiencia es el contacto de lo
divino con lo terrenal.
Bendiciones.
viernes, 15 de julio de 2016
LOS BENEFICIOS DE ESTAR EN EL CAMINO DE DIOS, UNA VEZ PROBADO NUESTRO CORAZON:
LIBRO DE SANTIAGO CAPITULO 5: VERSÍCULO 11
He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. Si les contara amigos no lo creerían, pero estas promesas son solo para sus hijos, para todos aquellos que practican la justicia, la verdad, el amor, el perdonar, olvidar, etc. Para los que NO HUYEN DURANTE LAS PRUEBAS, para los que NO le dan la espalda al Señor ni maldicen su santo nombre, para los que resisten en los días malos con paciencia, mansedumbre, FE Y ESPERANZA.
No es imposible, sino ningún ser humano sería salvo (eso está bien claro). Y así como yo hay muchas otras personas que lo hemos logrado, claro al principio no fue fácil, igual cometimos errores y pecados (pidiendo perdón) pero a pesar de ello es permanecer en el camino pase lo que pase, veamos lo que veamos, sintamos lo que sintamos.
Si de verdad permanecemos firmes y fieles, dice su palabra que el Señor honra a los que lo honran, y hacer estas cosas es honrar a Dios. Al final cada quien recibirá lo que sembró sea para bien o para mal. Si a usted le hicieron una injusticia, si lo insultaron por causa de la palabra de Dios o de su buena conducta, etc., de verdad no se preocupe que Dios mismo lo defenderá a capa y espada pero solo si usted actuó de la manera correcta. No me mal interprete cuando digo DE LA MANERA CORRECTA, no es actuar con insultos y maldecir a la persona que lo lastimó, mucho menos es querer defenderse por venganza o por querer hacer justicia con sus propias manos.
Cuando digo hacer lo correcto, es guardar silencio ante aquella persona o situación que lo hirió por muy grave que haya sido la ofensa o daño, de ninguna manera se desquite con él o ella. Lo que Dios espera es que usted vaya en oración y solo con él se exprese, saque todo, no deje nada guardado para que pueda entrar al "proceso" de "limpieza espiritual", y después lea la palabra de Dios y trate de ayunar lo más que pueda, verá que haciendo eso DIOS LO RECOMPENSARÁ ENORMEMENTE, solo espere. Si no me cree está en todo su derecho de darse la media vuelta y salir. Estas recompensas son solo PARA LOS QUE EN ÉL ESPERAN Y SON PACIENTES.
Todo lo que el enemigo le haya quitado, Dios se lo devolverá multiplicado y estará bien bendecido por su mano, solo si actúa correctamente y es paciente para esperar su recompensa.
Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?
Para los que no conocen la historia de Job en la biblia.... Él era un hombre poderoso, muy rico y bien bendecido por Dios, tenía todo lo que quería porque era un varón íntegro y justo delante de Dios. Hasta que un día vino el enemigo ante el Señor (porque aún él tiene que rendirle cuentas) y Dios dijo: Ves a mi hijo Job, no hay hombre más íntegro que él. Y el enemigo le dijo: Eso lo hace porque lo tiene todo, pero quítale todo lo que posea y verás cómo va a blasfemar tu nombre; y Dios dándole permiso al enemigo de quitarle todo lo que Job poseía, hasta dejarlo en la miseria y la desgracia. Todo le fue quitado a este hombre, sus hijos, su mujer, sus cosas, todo, hasta su salud, porque le dio lepra y esa es una enfermedad terrible. Pero todo eso lo PERMITIÓ Dios para probar su corazón, para ver si de verdad lo amaba Job. A pesar de todo su dolor tanto físico como espiritual, Job permaneció firme y fiel en el camino; él también como cualquier ser humano pensaba que sería mejor rendirse, pero fue su fidelidad más grande que su sufrimiento que al final DIOS LO BENDIJO DE UNA MANERA IMPRESIONANTE, le devolvió todo y multiplicado, más hijos, más bienes, entre otras cosas.
jueves, 14 de julio de 2016
PRUEBA Y BENDICIÓ DE DIOS
OTRA PRUEBA, OTRA BENDICION
No sé si tú has oído el mensaje de que los creyentes no vamos a sufrir en esta vida ni vamos a pasar dificultades ni pruebas ni tentaciones, incluso algunos atrevidos enseñan que el creyente es un “Superman”, me gustaría decirte algo: ¡esto es falso! NO existe el creyente “Superman” que nunca enferma, que nunca pasa escasez, que nunca se cansa, que nunca pasa pruebas . . . y si alguien te dice lo contrario te está mintiendo.
Dios
probó a su Pueblo y sigue probando a su Pueblo. Tenemos un versículo que nos
dice claramente que un hombre fue probado por Dios, Abraham, el amigo de Dios:
“Aconteció
que después de estas cosas, Dios probó a Abraham . . .”
Génesis
22:1
“Por
la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac . . .”
Hebreos
11:17
No
solamente nuestro Padre Abraham fue probado, también nuestro Pueblo, Israel,
fue probado en el desierto.
“Y
te acordarás de todo el camino por donde el SEÑOR tu Dios te ha traído por el
desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de
saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos.”
Deuteronomio
8:2
Ninguna
prueba está diseñada para que NO la superemos, todas las pruebas están
diseñadas para asegurarnos que tenemos la madurez para entrar al siguiente
nivel espiritual, a la siguiente fase de nuestras vidas. Hay fases en nuestra
vida y cuando acaba una fase debemos pasar por una prueba para llegar a la
siguiente fase, si no pasamos la prueba debemos permanecer en la misma fase que
estábamos.
Dios
también probó a su amado Hijo Yeshua:
“Entonces
Yeshua fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.”
Mateo
4:1
Una
cosa interesante cuando miras el griego es que la palabra griega para
“tentación” es la misma que para “prueba”. El Espíritu Santo envió a Yeshua al
desierto para ser tentado/probado. Yeshua era perfecto y fue tentado. Antes de
iniciar su ministerio Yeshua tuvo que ser probado.
Hay
dos tipos de tentaciones / pruebas:
- Las que nosotros mismos producimos. Debido
a nuestra desobediencia nos metemos en diferentes pruebas / tentaciones. Dios
NO tiene nada que ver con este tipo de pruebas porque Dios NO tienta/prueba a
nadie usando algo pecaminoso (el mal).
“Cuando
alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no
puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es
tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”
Santiago
1:13 y 14
Gracias
a Dios que incluso en medio de estas pruebas podemos clamar a Dios y podemos
ser liberados.
“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi
nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus
malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y
sanaré su tierra.”
II
Crónicas 7:14
Las
que son por la voluntad de Dios. Las pruebas que experimentamos por la voluntad
de Dios, son pruebas que nos vienen con una salida como nos indica el siguiente
versículo:
“No
os ha sobrevenido ninguna tentación / prueba que no sea común a los hombres; y
fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados / probados más allá
de lo que podéis soportar, sino que con la tentación / prueba proveerá también
la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”
I
Corintios 10:13
Dios
nos da la tentación juntamente con la salida. Estas son las pruebas que nos
vienen por la perfecta voluntad de Dios. Este tipo de prueba es llamada “la
prueba de nuestra fe”.
“En
lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es
necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra
fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada
que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Yeshua HaMashiaj.”
I
Pedro 1:6 y 7
“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os
halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis
perfectos y completos, sin que os falte nada.”
Santiago.
1:2-4
Nuestra
Fe necesita ser probada. La prueba de nuestra fe produce paciencia y cuando la
paciencia se produce, podemos recibir las promesas de Dios. La fe y la
paciencia traen el cumplimiento de las promesas de Dios.
“. .
. a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y
la paciencia heredan las promesas.”
Hebreos
6:12
Por
la fe y la paciencia podemos recibir las promesas de Dios. Si no somos probados
no se producirá paciencia en nuestra vida y no heredaremos las promesas.
Estos
dos versículos usan la misma palabra española para “paciencia”, pero en griego
son dos palabras diferentes con matices diferentes, veamos:
“ .
. . sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia – HUPOMONE -”
La
palabra griega que tenemos en Santiago es HUPOMONE, dicha palabra viene de dos
palabras:
HUPO
= BAJO MONE = MORADA
¿Qué
sucede cuando viene una prueba a nuestra vida? Si somos creyentes, corremos a
Dios, corremos y vamos a su presencia, bajo sus alas, bajo su morada. Toda
prueba nos lleva a la morada de Dios, nos lleva a permanecer bajo Su Presencia.
Un versículo muy interesante donde podemos ver la palabra MONE como verbo (gr.
meno) se encuentra en Juan:
“Permaneced
en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si
no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.”
Juan
15:4
La
prueba produce que permanezcamos en Él, que demos mucho fruto.
“Yo
soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da
mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.”
Juan
15:5
Permanecer
en Yeshua también implica permanecer en su Palabra, que su Palabra more en
nuestros corazones.
“Si
permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis
y os será hecho.”
Juan
15:7
La
otra palabra griega para paciencia en Hebreos 6:12 es . . . MAKROTHUMIA.
“. .
. mediante la fe y la paciencia – MAKROTHUMIA - heredan las promesas.”
Esta
palabra también está compuesta de dos:
MAKRO
= LARGURA THUMIA = ANIMO / PASIÓN
En
algunas ocasiones, se ha traducido por “longanimidad”, esta palabra nos habla
de perseverar amando al Señor en medio de la prueba.
En
medio de la prueba necesitamos HUPOMONE y necesitamos MAKROTHUMIA, necesitamos
permanecer en Dios y en su Palabra, necesitamos perseverar en nuestra pasión y
nuestro amor hacia Él.
“Señor, aunque estoy
enfermo, aunque tengo escasez, aunque me están atacando,
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