viernes, 22 de julio de 2016

¿QUÉ ES EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO? ¿CÓMO SE RECIBE?READ



El apóstol Pablo usó el bautismo del Espíritu santo, para probar que todos estamos unidos en Cristo. Algunas iglesias creen que el bautismo del Espíritu es una experiencia diferente a la salvación inicial. Ellos lo ven como una segunda experiencia que le da a la persona un poder y un denuedo espiritual mucho mayor y la capacidad de vivir una vida cristiana más victoriosa.

lgunos grupos enseñan que el bautismo está acompañado de señales tales como el hablar en lenguas. En realidad la Biblia no utiliza el término “bautismo del Espíritu” con mucha frecuencia. Juan el Bautista predijo que Jesús vendría y bautizaría con el Espíritu y con fuego (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33). En Hechos 1:5, Jesús les recordó las palabras de Juan y le dijo a Sus discípulos que serían bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. Los eventos espectaculares del día de Pentecostés diez días después parecen ser un obvio cumplimiento de Sus palabras (vea Hechos 2). La única otra mención en Hechos (11:16) se refiere a Pentecostés, explicando que Cornelio, el primer convertido gentil, tuvo una experiencia muy similar a las manifestaciones de Pentecostés. Aunque estos pasajes dejan claro que los creyentes en Hechos 2 experimentaron un bautismo del Espíritu, no hallamos en ellos una explicación clara de lo que el bautismo significa. Tampoco sabemos si hubo otras obras del Espíritu que ocurrieron al mismo tiempo. La explicación más clara del bautismo aparece en I Corintios 12:13. Pablo está tratando con una situación en la que la Iglesia de Corinto se estaba dividiendo en facciones por un debate sobre el tema de los dones espirituales. El énfasis excesivo de ciertos dones espectaculares los había llevado a tomar la actitud que ciertas personas tenían los dones más deseables, mientras que otros eran deficientes. En respuesta a esto, Pablo exclama, “¡Todos somos uno! ¡No se dividan en camarillas!” Y para probar su punto les explica, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (I Corintios 12:13). ¿Cuál era su principal idea? Que todos los creyentes comparten la realidad de ser bautizados por el Espíritu. ¿Qué hace el bautismo? Nos hace parte del cuerpo de Cristo, la Iglesia. ¿Cuándo ocurrió? Si todo creyente ha sido bautizado en el Espíritu, entonces debe ocurrir al momento de aceptar a Cristo y convertirse en cristiano. Grandes cristianos a través de los años frecuentemente han experimentado encuentros dramáticos con Dios después de la salvación. No hay razón para negar que ésta sea una forma genuina en la que Dios trabaja con Su pueblo. También es cierto que cristianos igualmente devotos y efectivos han pasado su vida sin esa “segunda obra” de la gracia. Podemos usar las palabras que queramos para describir nuestras experiencias con Dios. Pero es más preciso decir que la Biblia usa “bautismo del Espíritu” para referirse a una de las cosas maravillosas que Dios hace por nosotros al instante en que confiamos en Cristo y entramos a ser parte de Su familia.

jueves, 21 de julio de 2016

¿CÓMO SABER SI TENEMOS EL ESPÍRITU SANTO?


El Espíritu Santo es uno de los dones más maravillosos de Dios. ¿Cómo puede un cristiano estar seguro de tener el Espíritu Santo?

¿Cómo saber si tenemos el Espíritu santo?
En lugar de apagar el fuego del Espíritu, Pablo nos anima a que “avivemos el fuego del don de Dios que está en nosotros…”
Uno de los grandes dones de Dios es el Espíritu Santo, y por medio de él Dios nos da muchos otros dones maravillosos. El Espíritu Santo le da al cristiano el poder y entendimiento espiritual que hacen posible que nos parezcamos más a Dios y eventualmente podamos heredar la vida eterna. Debido a esto, es muy importante saber cómo se puede recibir el Espíritu Santo, cómo podemos avivarlo y si realmente lo tenemos.

¿Cómo se recibe el Espíritu Santo, según la Biblia?
Jesucristo dijo a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo después de su muerte. En el día de Pentecostés, la Iglesia de Dios comenzó con grandes milagros y Pedro, inspirado por Dios, describió las condiciones para recibir el Espíritu Santo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Otra forma podría ser, que una persona creyente recibe el Espíritu Santo a través de la imposición de manos de un ministro verdadero, después de haberse arrepentido y bautizado (Hechos 8:14-17). Los requisitos que Dios nos pide para poder recibir su Espíritu son el arrepentimiento, la fe, el bautismo y la imposición de manos. Por lo tanto, si una persona no ha seguido estos pasos no puede tener el Espíritu Santo dentro de sí. ¿Cómo evitar que el Espíritu se apague, según la Biblia? En su apasionada súplica de arrepentimiento, David le ruega a Dios “no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmos 51:11). Él sabía que si no se arrepentía continuamente de sus pecados y no buscaba a Dios constantemente, estaría en peligro de cometer el pecado imperdonable, pues Dios no perdona a quien no se arrepiente. Pablo también advirtió al pueblo de Dios sobre el peligro de afligir, descuidar o apagar el Espíritu Santo (Efesios 4:30; Timoteo 4:14; 1 Tesalonicenses 5:19). Para evitar que suceda esto, un cristiano, debería hacer lo opuesto a estas cosas. En lugar de afligir al Espíritu, deberíamos pedírselo a Dios diariamente, dejarnos guiar por dicho Espíritu y “sembrar” para éste (Efesios 1:17-18; Gálatas 5:16; 6:7-8). En vez de apagar la llama del Espíritu Santo, deberíamos seguir el consejo del apóstol Pablo cuando dice “te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:6-7).
¿Cómo se manifiesta el Espíritu Santo en nosotros?

En la Biblia se describen varias cosas que el Espíritu Santo nos permite hacer. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, el Espíritu nos permite entender cosas espirituales que serían incomprensibles para un ser humano sin tenerlo dentro de sí (1 Corintios 2:10-14). A través de la oración y el estudio de la Biblia, el Espíritu Santo nos ayuda a crecer en el entendimiento del plan de Dios y de nuestro papel en dicho plan. Además, el Espíritu escribe la ley de Dios en nuestro corazón y en nuestra mente, ayudándonos a vivir según la voluntad de Dios y a pensar como Él piensa (Hebreos 8:10). Nos permite transformar o cambiar nuestra mente (Romanos 12:2). Jesucristo dijo que el Espíritu Santo nos sería de gran ayuda y nos guiaría (Juan 14:16; 26; 16:13). Una de las evidencias más importantes es que “…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Romanos 5:5). El amor divino está descrito con más detalle en 1 Corintios 13:4-8. Aunque a todos nos falta mucho, un cristiano debería notar el progreso de este fruto en su vida. En Gálatas 5:22-23, el apóstol Pablo nombra otras importantes manifestaciones del fruto del Espíritu Santo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Por consiguiente, los cristianos se deben examinar para ver si se está manifestando dicho fruto en ellos, y pedirle a Dios constantemente que les conceda misericordiosamente su Espíritu para crecer más y más. Dios tiene un plan para nosotros. Nuestra parte en dicho plan consiste en arrepentirnos, bautizarnos y recibir el Espíritu Santo, el cual transformará nuestra mente para que seamos cada vez más semejantes a Dios. Al orar, someternos y avivar el Espíritu, veremos el crecimiento espiritual que demuestra que el Espíritu Santo sí está obrando en nosotros.

miércoles, 20 de julio de 2016

LAS MALAS PALABRAS Y EL CRISTIANO

LOS CRISTIANOS NO DEBERÍAN DECIR GROSERÍAS

Toda persona sabe que hay palabras que usamos para demostrar nuestro estado de ánimo o para ofender, dañar o descalificar al prójimo. A estas palabras las denominamos los venezolanos como “groserías”, palabras “soeces” o “vulgaridades”; entre esas palabras también se cuentan las “maldiciones” o “maledicencias”. 

No falta quien diga que decir groserías es parte del folklor o de la cultura de cada región del país o del país mismo y que son aceptadas por todos.   Actualmente vemos personas de alto cargo gubernamental diciendo groserías e insultos descalificadores usando los medios de comunicación, dando a entender que se aceptan como vocabulario correcto para dirigirse a una persona o un grupo de ellas. En la TV, vemos el grado de hipocresía de nuestro sistema cultural, colocando a cierta hora del día (tarde en la noche) el momento de decir vulgaridades en todas sus manifestaciones, mientras más tarde en la noche más claras y ofensivas se presentan.  Se arguye que en el horario infantil se deben prohibir para no dañar la mente del niño.  ¿y esto de qué sirve? Si a ese niño que va en crecimiento se le enseña que a cierta edad “ya puedes dañar tu mente y tu vocabulario”?. Lo triste de este tema, es que las vulgaridades o palabras obscenas siguen siendo usadas por algunos miembros de la iglesia de Cristo, como si fuese un vicio más poderoso que el alcohol o la droga, su resistencia a abandonarlas dan a entender que ni el poder de Jesucristo les sirve para limpiar su vocabulario de estas palabras que no forman parte del carácter de un hijo de Dios. Veamos lo que la Escritura dice sobre las malas palabras. Efesios 4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Qué es una palabra corrompida?... Es aquella que no edifica al oyente, que hiede, que suena mal u ofensiva. Las personas que hacen uso de las groserías, demuestran que algo muy profundo en su ser está corrompido, dañado y que urge un arreglo inmediato… Las groserías revelan odio, rencor, venganza, las groserías revelan lo que hay en el corazón, tal como lo dice en Lucas 6:45: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la ABUNDANCIA DEL CORAZÓN habla la boca. Si el corazón está podrido o corrupto, sólo podredumbre o corrupción hablará esa boca. La sal es el mineral por excelencia para que los alimentos no se corrompan, el apóstol Pablo usa su figura para agregarla a las palabras que salen de nuestra boca para que no se corrompan. Colosenses 4:6: Sea vuestra palabra siempre con gracia, SAZONADA con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno. 1 Corintios 15:33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. El que se acostumbra a proferir vulgaridades o palabras ofensivas al prójimo, va perdiendo la buena costumbre del respeto y consideración al prójimo. ¿cómo se corrompe una buena costumbre? Por ejemplo: el saludar es una buena costumbre, pero el agregarle una grosería a ese saludo daña el buen hábito de saludar. El que acostumbra a mantener conversaciones con personas de vocabulario soez, por lo general termina hablando igual a ellos. Santiago 3:8-12 “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.” El apóstol reconoce el problema cuando dice que el “el hombre no puede domar su lengua”… pero enfatiza diciendo “esto no debe ser así”…. Ciertamente a través de una cloaca podemos hacer circular agua potable o viceversa, pero eso no debe ser así. Nuestra boca es una abertura que debemos decidir de qué tipo de agua o palabras vamos a hacer salir por ella… o Vulgaridades o palabras de buena costumbre que bendicen a los hombres y glorifican a Dios. Mateo 12:36. Mas yo os digo que de toda palabra OCIOSA que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Pero ¿Qué es una palabra ociosa?... Es aquella que no tiene ningún propósito bueno o útil. El pasaje nos advierte que hombres, mujeres y niños, rendirán cuenta de todas las groserías que han salido por su boca y la sentencia, si es hallado culpable es la siguiente:
1 Corintios 6:10: ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los MALDICIENTES, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios; triste final para aquellos que se rehúsan a mejorar su vocabulario soez.
CONCLUSIÓN
Se entiende que el cristiano que tiende a decir vulgaridades viene de un mundo viciado, acostumbrado a decir malas palabras o groserías por la cultura familiar o de la nación misma; sin embargo la orden de Dios a acatar por todo aquel que se profesa cristiano es: Efesios 4:22: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.. Levíticos 18:30 Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios. Si eres cristiano, por obediencia a Cristo y en honor a la nueva naturaleza que se te ha concedido. RENUNCIA A LAS PALABRAS OBSCENAS y se ejemplo de “fe, conducta y amor”, siguiendo el consejo de nuestro amado apóstol Pablo cuando recomienda a Tito: presentándote en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad…
Dios te bendiga.
¿CÓMO DEJAR DE DECIR GROSERÍAS O MALAS PALABRAS?
• Cuéntale, o confiésale al Señor en oración de rodillas tu problema, manifiéstale tu arrepentimiento y el deseo de cambiar tu vocabulario.
• Practica el amor al prójimo, míralo con ojos de compasión y no con ojos de venganza o rencor.
• Sustituye palabras vulgares por palabras que te edifican o edifiquen al que te oye…. Por ejemplo cuando te martilles un dedo di: ¡Aleluuuuya!.
 • Si alguien te ofende con una grosería, sigue el consejo de Jesús, respóndele con una bendición (sincera, no con los dientes apretados).
• Aléjate de las personas que no respeten tu fe diciendo groserías en tu presencia.


martes, 19 de julio de 2016

UN CAMINO MÁS CERCANO A DIOS

EL CRISTIANO Y LAS BUENAS OBRAS

I. LOS CRISTIANOS EXISTIMOS PARA HACER "BUENAS OBRAS"


   A. NO MAL ENTENDER EL "PROPÓSITO" DE LAS BUENAS OBRAS...
1. No son para "comprar" o "ganar" nuestro camino al cielo
2. Dios nos salva por Su GRACIA, no por nuestras OBRAS – Ef 2:8-9; Tito 3:4-7
3. Sin embargo, como el pueblo de Dios, ¡hemos sido creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras! – Ef 2:10; Tito 2:11-14; 3:1,8,14

  B. ¿POR QUÉ, ENTONCES, DEBEMOS HACER BUENAS OBRAS?
      1. ¡Ellas traen gloria para Dios! – Mt 5:16; 1 Ped 2:11-12
      2. Ellas pueden preparar al incrédulo para ser más receptivo al evangelio – 1 Ped 2:12; 3:1-2
      3. Ellas demuestran la naturaleza viviente de nuestra fe – Stg 2:14-17
      4. Ellas son necesarias si vivimos para ser como Jesús – comparar Luc 6:46 con Hech 10:38

II. ¿QUÉ "BUENAS OBRAS" PODEMOS HACER?

    A. ALGUNAS BUENAS OBRAS SON "ESPIRITUALES" EN NATURALEZA...
       1. Hablando a otros de la gracia de Dios – 1 Ped 2:9-10
          a. Podríamos no ser del todo "maestros" en un sentido formal – 1 Cor 12:27-31; Stg 3:1-2
          b. ¡Pero todos podemos compartir con otros la gracia maravillosa de Dios en Cristo Jesús!
          2. Animando a otros cristianos – Heb 3:12-13
          a. Podemos ser un "Filemón" o un "Estefano" – Filemón 7; 1 Cor 16:15-18
          b. Por ejemplo, por medio de cartas, llamadas, visitas, estudios bíblicos
          3. Restaurando a hermanos débiles – Gál 6:1-2
          a. Puede ser un "Bernabé" (el cual ayudó a Juan Marcos)
          b. La importancia de esta obra es vista a la luz de Stg 5:19-20
    B. OTRAS BUENAS OBRAS SON MÁS "FÍSICAS" EN NATURALEZA...
          1. Jesús no limitó sus buenas obras a las cosas espirituales – Luc 7:22
          2. Ni esperó limitar las buenas obras a Sus discípulos
          a. Ver la "Comisión Limitada" – Mt 10:7-8
          b. Ver la "escena del juicio" – Mt 25:34-40
          3. Así como algunos podrían ser agraciados en talentos y oportunidades para "enseñar", así otros podrían ser agraciados en "servir" en áreas de servicio físico – Rom 12:3-8
          a. Tal como ser "dadivoso"
          b. Tal como "mostrar misericordia"
          4. Las mujeres pueden ser especialmente fructíferas en esta área...
          a. Porque ellas con frecuencia tienen más flexibilidad en el uso de su tiempo
          b.¿Por qué no ser una "Dorcas"? – Hech 9:36-39

CONCLUSIÓN
1. Sin importar en que pudiéramos servir al Señor, las "buenas obras" son una SEÑAL DE LA
   RELIGIÓN PURA – ver Sant 1:27
2. También es una LLAVE PARA LAS BENDICIONES ESPIRITUALES (felicidad) – Stg 1:25; Hech
   20:35
3. Así que asegurémonos de tener en mente la amonestación de Pablo a Tito...
   "Los que creen en Dios procuren ocuparse de buenas obras." (Tito 3:8)
ALGUNAS PREGUNTAS PARA ESTIMULAR SUS PENSAMIENTOS...
1. ¿Qué tipo de buenas obras "espirituales" está haciendo, o está preparando Usted mismo para hacerlas?
2. ¿Qué tipo de buenas obras "físicas" está haciendo, o espera hacerlas algún día?
3. ¿Quién debe recibir la gloria cuando Usted está orando por buenas obras?
Por Mark Copeland


lunes, 18 de julio de 2016

¿SERÁ QUE DIOS ME AMA?


Sabemos que Dios es amor (1 Juan 4:8). Sabemos que Dios ama al mundo (Juan 3:16). Pero, ¿nos ama Dios como individuos? ¿Me ama a mí, un pecador? ¡Sí! La escritura está repleta de afirmaciones del amor de Dios por los individuos.

En el Antiguo Testamento, se nos presenta no sólo la historia de un grupo étnico. Nos encontramos con personajes individuales, con quienes Dios habló y se relacionó. Moisés, José, Jonás, Job, David, Ester, Rut, Jabés, Agar, y más. A Dios le importaban estos individuos, de los cuales, algunos no eran ni siquiera Israelitas.
En el Nuevo Testamento, vemos el amor de Dios vestirse de pellejo humano. La salvación es la demostración más grande del amor de Dios por cada uno de nosotros (1 Juan 3:16). Jesús se humilló no sólo tomando forma humana, sino también permitiéndose ser asesinado brutalmente por los pecados que nosotros cometimos (Filipenses 2:5-8). Esto lo hizo con gozo (Hebreos 12:2). Y lo hizo mientras estábamos todavía muertos en nuestros pecados (Romanos 5:6-11; Colosenses 2:13). No impresionamos a Dios ni lo persuadimos que nos salvara. La salvación proviene completamente de su corazón de amor. Jesús se hizo pecado para que nosotros fuéramos hechos justos; nos brindo nueva vida (2 Corintios 5:17, 21). Nos salvó con este propósito. Somos la obra maestra de Dios (Efesios 2:8-10). Parte de este propósito es compartir el amor de Cristo con los demás.
Un cuadro hermoso de este amor fue cuando Jesús lavó los pies a sus discípulos. Fue la tarea de un humilde siervo fregar los lodosos pies de las visitas. Después de hacerlo, Jesús dijo, “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” (Juan 13:34-35). Jesús estaba interesado en mostrar el amor, no sólo a sus discípulos, sino a otros también. Sanó a muchos; proveyó comida para los hambrientos; les habló a los marginados de su época, aun a una mujer samaritana (Juan 4). Jesús amó a las personas de manera individual. Su ministerio no fue transmitido públicamente, sino llevado a cabo uno por uno. Escogió a un grupo de doce discípulos, y a un círculo más íntimo de tres. Habló con los individuos a quienes sanó. No excluyó a los que no eran israelitas, sino compartió su amor con quienes lo recibieran.
Tal vez uno de los pasajes más conmovedores en la Biblia es Juan 17, que registra lo que a veces se llama la oración sumo sacerdotal. En ella, Jesús oró por sus discípulos. Siempre oraba por futuro creyentes – nosotros. Antes de su crucifixión Él pensaba en nosotros, no en una manera negativa ni acusadora. Pensó en nosotros y oró “para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo. Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos” (Juan 17:21-26). Jesús quiere que nosotros estemos unidos los unos a los otros, unidos a Él, para estar con Él, conocerlo a Él, y experimentar su amor. Esta no es una oración acerca del mundo o un grupo de caras sin nombre. Es una oración por individuos.
Leer la Palabra de Dios es una forma excelente de descubrir su amor por nosotros. Esto es algo de lo que dice:
Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. (Salmo 139:13-16)
... y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones. A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. (Mateo 10:30-32)
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. (Juan 10:10)
Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. (Juan 15:9-11)
Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. (Romanos 8:15-17) A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?... Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:30-32, 37-39)  Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. (Efesios 5:1-2) El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan. (2Pedro 3:9)

El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré del maná escondido, y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe. (Apocalipsis 2:17)

domingo, 17 de julio de 2016

¿QUÉ QUISO DECIR JESÚS CUANDO DIJO:" NIÉGATE A TI MISMO,TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME?


¿Cuántas preocupaciones lo agobian el día de hoy? O ¿No tiene preocupaciones?
¿Es usted de las personas que todavía no salen de una, cuando les llega la otra? O ¿Se encuentra relajado, viendo pasar la vida sin problemas?¿Le gustaría “tirar la toalla” y dejarse caer cuan largo es viendo hacia el cielo o cerrando los ojos?¿Le gustaría dejarse caer y permitir que otro haga lo que usted tiene que hacer?¿Le gustaría dejar en manos de otra persona el control de su vida?

Para apoyar su respuesta a las primeras cinco preguntas, a no ser que haya una persona que me refute lo que voy a decir, estoy seguro de que usted es una de esas personas que terminan el día agobiadas, no tanto por el trabajo, sino por las preocupaciones que no se terminan en un día, sino que parecen ser la norma de vida de todos los días.


Muchas veces no acabamos de salir de una situación que nos quita la tranquilidad cuando ya tenemos otra encima, provocando el deseo de salir corriendo y dejar todo atrás, sin importarnos lo que pudiera pasar. En ese momento quisiéramos que alguien se haga cargo de lo que estamos viviendo, sea en el trabajo o sin él, en el hogar, en la escuela o en la vida cotidiana. La vida nos ofrece todos los días aflicción, desgaste físico y emocional, frustración, desesperación, lo que hace que no veamos la belleza de la creación, que también sufre al igual que nosotros, el desgaste, la contaminación y el desprecio de los seres humanos. Este es un panorama que no estaba en los planes originales de Dios, pero no los descartó, sino que fueron considerados en su amor por su creación. Como la gracia de Dios es y siempre será más grande que cualquier pecado, nuestro creador, a través del Hijo, decide cumplir el plan de introducirse en su creación para sanarla, redimirla hacerla nueva; en la resurrección de Jesús, emerge una humanidad totalmente nueva. Con Él de nuestro lado, ¿Quién podrá derrotarnos? Él dice: “porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mateo 11:30) Sin embargo, Jesús, en sus enseñanzas, nos dejó una invitación por demás insólita: “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme”. (Mateo 16:24) NVI. Ver también: (Marcos 8:34) y (Lucas 9:23) La Nueva Traducción Viviente nos lo presenta así: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme”. La declaración e invitación que nos hace nuestro Salvador tiene tres aspectos por demás interesantes, si es que aceptamos dicha invitación: Negarse a sí mismo Tomar nuestra cruz Seguirlo. Cuando formulé la pregunta: ¿Le gustaría dejarse caer y permitir que otro haga lo que usted tiene que hacer?; estoy seguro que después de estar agobiado y completamente sin fuerzas (no digo físicas nada más, sino emocionales también), es auténtica la necesidad de dejarle a otro(a) nuestra tarea. Cuando Dios nos permite llegar a este punto, en el cual nos sentimos completamente derrotados y “en el hoyo”, como lo expresa el rey David en sus Salmos, es cuando valoramos la misericordia, la bondad y la compasión de nuestro Dios amoroso. Este es el paso que precede a “negarse a sí mismo”; que es lo que conocemos como quebrantamiento. Cuando nos damos cuenta de que nosotros no podemos controlar nuestra vida, todo lo que nos pasa está fuera de nuestro alcance. Necesitamos de alguien que nos lleve de la mano como cualquier invidente, vulnerable y débil, ante la realidad que no vemos, ¡Sólo confiamos! Y cuando experimentamos la mano cálida y amorosa que nos saca del abismo, es cuando Dios nos conduce al pleno “negarse a sí mismo”. Dejar de ser los dueños y señores de nuestras vidas; y permitir que Dios, quien nos conoce mejor que nosotros mismos, decida por nosotros, ya que Él sabe muy bien qué es lo que más nos conviene. No le pregunté qué respuesta habrá dado a la última pregunta: ¿Le gustaría dejar en manos de otra persona el control de su vida?; porque casi estoy seguro que para contestarla lo pensó dos veces: ¿Entregarle a otro(a) el control de MI vida?, ¡NO! La naturaleza humana es así; aunque estemos en las peores circunstancias, queremos seguir siendo los dueños de nuestra vida. Pero si contestó afirmativamente, entonces usted confía en su Señor; usted está “negándose a sí mismo”. Ahora sólo le falta tomar su cruz y seguir a su Salvador. ¿Se ha preguntado por qué Dios le pide algo que a usted no le agrada, si es que dice que lo ama con un amor sin medida? ¿No podría Dios, en nombre del amor que le tiene, dejarlo que usted siga gobernando su vida? Sin embargo, ¿Se ha puesto a pensar cuánto escatimó Dios para poder darnos la vida eterna y vivir una comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por siempre? En Juan 3:16 nos dice que “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él”. En Colosenses 1:21 (NVI); “En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos”. Y en Romanos 5:10 (DHH), “Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que ya estamos reconciliados con él”. Si usted le cree a Dios, entonces se dará cuenta de que aunque no quisimos buscarlo, Él nos buscó y nos encontró, si no, veamos que nos dice en Juan 6:44 (NVI): “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final”. Todas estas Palabras ratifican lo expresado en Juan 3:16-17; nos dan una visión y una imagen del gran amor de Dios por su creación, es un amor de dimensiones cósmicas, que trasciende nuestro limitado entendimiento. Al llegar a este punto le pregunto: ¿Acepta la invitación de querer ser un discípulo amado de Cristo? Si la respuesta es afirmativa, entonces tome su cruz y sígalo. Pero ¿Qué significa llevar nuestra cruz? Primero veamos qué significó a Cristo llevar su cruz. Jesús, siendo el Hombre y Dios a la vez, para sanar a toda la humanidad, debió haber tenido en cuenta que en su humanidad debería caber toda la humanidad presente, pasada y futura. Dicha humanidad tenía las no gratas características de ser vil, ruin, perversa, malvada y otras “preciosidades” de este tipo (Jeremías 17:9). En realidad el pecado de la humanidad, la muerte anunciada desde el jardín del Edén, creció enormemente y existía la necesidad de destruirla para volver a ser la humanidad que había sido planeada desde antes de la creación de todas las cosas, una humanidad santa y sin mancha en el Hombre-Dios: Cristo Jesús. Así que Jesús hizo morir todo pecado, toda maldad, toda perversidad, toda depravación de la humanidad en su propio cuerpo humano finito y frágil, fácil de destruir y escogió el instrumento más perverso de aquella época y quizá de todas las edades: la cruz, destinado para los delincuentes más perversos, un instrumento vergonzoso y repulsivo. Para cumplir su misión expresada en Lucas 4:18-19: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor»; Jesús tuvo que tomar su cruz porque para emerger como una nueva humanidad, habría que sanarla a través de su muerte en la cruz y la tumba. El nuevo hombre emergido de esa tumba abierta y vacía salió para mostrarnos que su amor lo había llevado a exclamar: “¡Consumado es!”. Esa es la cruz que Cristo tomó y pudo cumplir su misión en comunión con el Padre y el Espíritu. Ahora nos dice a nosotros que seamos sus discípulos, pero más que discípulos, nos considera sus hermanos y nos dice que Él ha roto las cadenas y abierto las rejas de la esclavitud y la prisión del pecado y de la muerte; ahora somos completamente libres y llenos de Dios. Sin embargo, todavía  no vemos esto como una realidad porque aún seguimos en este cuerpo, anclados en el tiempo y el espacio, en una sociedad y en un mundo todavía llenos de maldad, por eso nos dice que, así como Él lo hizo, tomemos nuestra cruz para que nada nos impida seguirlo, así como Él tomó la suya y nada ni nadie le impidió llevarnos al Padre y al Espíritu para conocer, gozar y vivir ese gran amor que Él es. ¿Ya descubrió su cruz? ¿Está dispuesto(a) a llevarla? Ahora no estamos solos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están en nosotros para allanarnos el camino. Llevar nuestra cruz significa vivir lo que nos resta de humanidad en comunión con nuestro amoroso Dios, sin abandonar este cuerpo donde todavía mora el pecado ni este mundo donde nos desenvolvemos diariamente, sufriendo y completando los sufrimientos de Cristo, como nos dice el apóstol Pablo. ¡Esa es su cruz! Llevarla con dignidad como Cristo la llevó puesto que su propósito era más importante que vivir las delicias de esta vida, y nuestro propósito es regresar a casa, de donde salimos con la finalidad de volver santos y sin mancha en Jesús. Dios nos dice en Romanos 12:1-2 NTV “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo.No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”. Esa es nuestra cruz. ¿Está dispuesto(a) a llevarla? Así como Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar el instrumento de su muerte, Jesús nos ayuda a llegar al final.¿Está dispuesto(a) a seguirlo? Eso es lo que Él desea de todo corazón. No menospreciemos ese amor tan grande. Sigamos a Cristo ya que en Él estamos seguros para siempre, cuando llegue el momento en que “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor” (Apocalipsis 21:4)
No sé qué pensó cuando leyó el título de este artículo, ¿Le causó tal reacción que estuvo tentado(a) de dejar de leerlo? Si es así, ¿Qué le parece ahora? ¿Está dispuesto(a) a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir al Rey de Reyes y Señor de Señores? Lo invito a decirle a Cristo: “Espérame, te estoy siguiendo”. Esto le causará el mayor gozo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; y harán fiesta en el cielo y lo más significativo, nosotros somos los invitados de honor ya que somos la novia del Rey y después de la fiesta, viviremos un matrimonio eterno. Dando, recibiendo y viviendo una vida de amor, gozo y alabanza, tal como nuestro amoroso Dios lo merece.

Es posible que este artículo no sea del todo popular para mis amigos lectores. No obstante, con gran humildad y con un corazón que anhela seguir las pisadas de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, traigo ante ti un pasaje de la Palabra de Dios que debe ser tomado con toda la solemnidad y atención que se merece. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Sn. Mateo 16:24 Niéguese a sí mismo Cuando el pasaje habla de negarse a uno mismo, nos está hablando de entregarnos de tal manera a Su control, que el “yo” no tenga ningún derecho. Pero también de que no queremos seguir nuestros propios planes ni servir a nuestros propios intereses, sino depender en todo de Dios, y no importando si tenemos que sufrir todo cuanto Él tenga programado para nosotros. Desconocemos los planes de Dios para nuestras vidas y nadie puede adivinar nuestro futuro, pero lo que sí es cierto es que no tenemos que preocuparnos por ello, solo Dios lo sabe, él sabe guiarnos cuando nosotros nos entregamos completamente a él no importando que eso afecte nuestros propios intereses personales terrenales. Tomar la Cruz. Cuando Jesús nos hace el llamado a tomar la cruz, nos llama a estar dispuestos a sufrir oprobio, padecimientos y quizá el martirio por causa de Él; morir al pecado, al yo, y al mundo. Además de que quizá nos vamos a encontrar con la oposición de los seres queridos, calumnias y oprobio y en muchas ocasiones un camino de soledad. Eso no quiere decir que todo el mundo nos vaya a odiar ni que toda nuestra vida vaya ser un calvario, sino lo que el pasaje nos está diciendo, es que cuando nos entregamos completamente a Dios, también estamos dispuestos a todo lo que tengamos que enfrentar por su causa. Seguirle. Al Jesús decir “Sígueme” nos está llamando a vivir como él vivió y con todo lo que ello implica. A veces queremos ser discípulos de Cristo mientras serlo no se entrometa en nuestro estilo de vida, en nuestras preferencias, en nuestras comodidades. El llamado de Jesús a seguirle también es una invitación a una relación marcada por abnegación, intimidad personal pero a la vez de alegría infinita. Cuando nosotros mismos nos llamamos cristianos, proclamamos al mundo que todo sobre nosotros, incluyendo nuestra identidad personal misma, se cimenta en Jesucristo porque nos hemos negado a nosotros mismos para seguirlo y obedecerlo. Él es tanto nuestro Salvador como nuestro Soberano y nuestras vidas se centran en agradarlo a Él. Esa es la identidad del cristiano, Seguir las pisadas de Jesucristo, no importa todas las voces que tú y yo escuchemos a nuestro alrededor, al final del día, nuestra entrega debe ser sólo a él y vivir guardando su Palabra.

Rubén Ramírez Monteclaro


sábado, 16 de julio de 2016

LA FE NO ES UN SENTIMIENTO



Entendiendo como confiar en Dios

Me serví un vaso de limonada fría, le saqué punta a un lápiz, y saqué mi Biblia, deseoso de comenzar mi tarea. Temprano en el día, el profesor de mi curso de escuela de verano, nos había dicho: “Traigan a la clase un reporte de todo lo que el libro de Romanos dice acerca de la fe.” Parecía como que era una tarea fácil, algo que no tomaría mucho tiempo.

Pero me llevé una sorpresa. Pronto descubrí que la palabra fe aparece muchas veces en el libro de Romanos y que mi estudio tomaría más tiempo del que había pensado.
Definiendo la palabra fe

Mientras leía lo que Romanos tenía que decir acerca de la fe, me encontré preguntándome: La fe es probablemente la cosa más importante en mi vida, pero ¿cómo la defino? ¿Qué es?
Mi mente retrocedió ocho años cuando por primera vez me uní a una comunidad Cristiana. En ese entonces no entendía lo que era caminar en fe. He avanzado en mi entendimiento, pensé. Pero aun con todo lo que había aprendido acerca de la fe, me di cuenta que todavía no podía definirla.
Sé que la Biblia hace cientos de referencias sobre la fe como por ejemplo: “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17), y “Esta es la victoria que ha vencido al mundo –nuestra fe” (1 Juan 5:4). Pero me sorprendió que no pudiera llegar a una simple y personalizada definición de la palabra; nunca había completado el enunciado: “Para mí la fe es ____________________________.”
Entonces oré, Señor, ¿cómo definirías Tú la fe?
Una historia vino a mi mente, en la que Jesús le dijo a alguien: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe.” ¿Qué era eso que Jesús llamaba “tanta fe”?
Rápido busque el pasaje en Lucas 7 acerca del centurión que quería creer que Jesús podía sanar a su leal sirviente que estaba cerca de la muerte. El centurión le dijo a Jesús: “Solo di la palabra, y mi sirviente será sanado” (Lucas 7:7) Entonces el centurión uso un ejemplo personal para ilustrar que entendía lo que significaba dar la orden y ser obedecido.
En respuesta al centurión, Jesús se volteó a la multitud que Lo seguía y dijo: “Les digo que ni aún en Israel he hallado una fe tan grande” (Lucas 7:9). Jesús parecía estar diciendo que “una fe tan grande” era simplemente tomar Su palabra.
¿Podría esta definición ser confirmada en algún otro lugar en la Escritura? Ya que Hebreos 11 es a menudo citado como el “salón de la fama de la fe,” me dirigí ahí.
Creer Su Palabra
Después de leer y releer el pasaje, con todas sus referencias de la frase “por fe,” empecé a ver que toda la gente mencionada ahí, tenía algo en común: Sin importar de quien hablaba el autor de Hebreos, cada persona allí mencionada, simplemente había creído Su palabra y obedecido Su mandato. Y son recordados por su fe.
Por ejemplo, Dios le dijo a Noé que construyera un arca porque El iba a traer una inundación masiva. Noé creyó la palabra que Dios dijo y construyó el arca. Dios le dijo a Abraham que se fuera a un lugar que recibiría como herencia. Abraham creyó la palabra que Dios dijo, dejó a su tierra, y se fue.
Dios le indicó a Sara, la cual ya había pasado la edad para tener hijos, que concebiría un hijo. La Escritura dice: “Ella consideró que El que le había hecho la promesa era fiel.” Creyó lo que Dios le dijo.
Sin tomar en cuenta las circunstancias, a pesar de los argumentos lógicos y de la razón, y sin importar cómo se sintieron, cada persona mencionada en Hebreos 11 le creyó a Dios y a Su palabra y escogió ser obediente.
Empecé a preguntarme: Si Lucas 7 y Hebreos 11 ilustraban una fe tan grande, ¿habría algún pasaje que ilustrara una falta de fe?
Entonces recordé un incidente en Marcos 4 en el que Jesús acababa de terminar un día completo de predicación y enseñanza en las playas de Galilea. Les dijo a sus discípulos que se fueran al otro lado del mar. Inicialmente, creyeron la palabra de Jesús, se subieron al bote con Él, y se dirigieron al otro lado. Pero cuando se levantó una tormenta, se atemorizaron y perdieron la confianza de que realmente llegarían a la otra orilla. Cuando Jesús les preguntó: ¿“Cómo es que no tienen fe?” (Marcos 4:40) El pudo haber dicho: ¿“Porqué no creen a Mi palabra?”
Siempre me ha encantado el primer versículo de Marcos 5: “Y llegaron al otro lado del mar.” La palabra de Jesús probó ser cierta.
A través de mi estudio de esos tres pasajes, he llegado a una definición simple y viable: La Fe es creer lo que Dios dice. No estaba seguro si terminaría mi reporte sobre todo el libro de Romanos en cuanto a la fe, pero sabía que había aprendido algo que fue muy significativo en mi caminar con Dios.
¿Qué dice Dios acerca de Su Palabra?
Todavía tenía una pregunta más. Si la fe se trata de creer en la palabra que Dios dice, ¿qué dice Dios acerca de Su palabra? Encontré la respuesta en la Escritura misma:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán.” (Mateo 24:35)
“La palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:25)
“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.” (Isaías 40:8)
Estos versículos me decían que todo en la vida puede cambiar, pero la Palabra de Dios se mantiene constante. Su verdad nunca cambia. Estaba empezando a vislumbrar cómo la fe en las promesas de Dios me podía afectar el resto de mi vida.
Por ejemplo, Yo soy muy emocional, a veces estoy tan feliz que pienso que nunca voy a estar triste otra vez. Otras veces estoy tan triste que pienso que nunca voy a estar feliz otra vez. . . y a veces no siento nada.
Pero así como son de fluctuantes y fuertes mis sentimientos, la Palabra de Dios es
Mas verdadera que cualquier cosa que sienta, Mas verdadera que cualquier cosa que experimente
Mas verdadera que cualquier circunstancia que enfrente, Mas verdadera que cualquier cosa en el mundo
¿Porqué? Porque el cielo y la tierra pasarán, pero la Palabra de Dios no pasará. Esto significa que sin importar lo que yo sienta o experimente, puedo escoger depender en la Palabra de Dios como lo único que no cambia en mi vida.
Veo esa noche de verano y esa tarea como un momento crucial en mi vida. Innumerables ocasiones desde entonces, cuando las circunstancias y sentimientos parecen más reales que mi vida misma, he escogido creer que lo que dice la Palabra de Dios es más cierto que cualquier otra cosa. He escogido caminar por fe.
A veces esa opción ha sido difícil.
¿Qué acerca de los sentimientos?
Hubo veces después de esa noche de verano en que no sentí el amor de Dios. Pude haber escogido vivir con ese sentimiento, dejarlo que me llevara a un estado de auto-compasión, o pude decir: “Señor, no me siento amado. Esa es la verdad. Ahí es donde me encuentro ahora, pero Señor, Tu Palabra dice que Me amas, de hecho, Tú has dicho que me has amado con amor eterno, Tú nunca dejas de amarme (Jeremías 31:3). Tu amor por mi es una cosa que permanece cuando todo lo demás se cae (1 Corintios 13). Tu Palabra dice que no hay parcialidad en Ti. Eso significa que Tú no amas a nadie en este mundo más que a mí. Así que, Señor, Te agradezco que soy amado por Ti (Hechos 10:34). Tu Palabra es más verdadera de como yo me siento.”
Empecé a darme cuenta que esta clase de respuesta a mis sentimientos me dio libertad para 2 cosas: 1) ser honesto con Dios acerca de mis sentimientos y 2) escoger creer la Palabra de Dios cuando mis sentimientos se contraponían con Sus promesas.
En otras ocasiones me había sentido sólo o deprimido. Mi corazón literalmente me dolía de angustia por las circunstancias que rodeaban mi vida, y en esos momentos era más tentado a dudar de la verdad de la Palabra de Dios. Pero en lugar de eso, escogí voluntariamente creer Su Palabra. Miles de veces mis oraciones han empezado: “Señor, me siento. . . pero Señor, Tu Palabra dice. . .”
Y he visto como Él alinea mis emociones con Su Palabra, en Su propio tiempo y a Su manera.
Fuimos creados como seres emocionales
Cuando he sido tentado a condenarme a mí mismo por cómo me siento, me ha ayudado recordar que Dios nos creó a Su imagen y que esa parte de Su imagen es que somos seres emocionales. Tener sentimientos no está mal. Aún Jesucristo tuvo sentimientos. Él no “intentó sentir.” El no escondió Sus emociones; en lugar de eso, Él las llevó a Su relación con Su Padre. El era honesto, real, auténtico. En el Jardín de Getsemaní, la noche antes de Su crucifixión, la Escritura dice que Jesús se sentía “triste”, “angustiado,” “abatido”, “en agonía” (Mateo 26:37,38; Marcos 14:33; Lucas 22:44). Jesús expresó como Se sentía y confió en el Padre en medio de Sus sentimientos.
Nosotros también, tenemos completa libertad para ser sinceros con el Señor acerca de nuestros sentimientos, para decirle honestamente como estamos y lo que pasa en nuestras vidas.
¿Cómo respondemos?
La Biblia promete que, para aquellos de nosotros que verdaderamente amamos a Dios, todo lo que pasa en nuestras vidas tendrá el efecto de moldearnos a la imagen de Cristo (Romanos 8:28, 29) Algunos de nosotros puede ser que hayamos orado alguna vez algo como esto: “Señor, oro que me hagas más como Tú. Que me conformes a la imagen de Cristo.” A menudo, lo que realmente queremos es que Dios nos dé un anestésico para no estar conscientes cuando El nos hace una cirugía en nuestros corazones para conformarnos el carácter perfecto de Cristo. ¡No queremos despertar hasta que la transformación este completa! Queremos los resultados pero no el doloroso proceso.
Pero Dios no trabaja de esa manera. El Señor está preocupado por lo que atravesamos, pero creo que está mas preocupado por la manera en que respondemos a eso que estamos pasando. Esa respuesta es un asunto de nuestra voluntad. El permite las pruebas, las tentaciones, y las presiones de la vida para que tengamos la oportunidad de responder o creyéndole a nuestros sentimientos y las experiencias de la vida o creerle a Él y a Su Palabra.
He aprendido a acostumbrarme a creerle a Dios en Su Palabra – ¡y ahora es un habito! Tu y yo podemos, o crecer acostumbrados a escuchar nuestros sentimientos, pensamientos, y circunstancias, dejándolos que nos controlen, o podemos habituarnos a creerle a Su Palabra a pesar de nuestros sentimientos y las experiencias de la vida. Necesitamos escoger con nuestra voluntad creer que Su Palabra es más cierta que nuestros sentimientos.
He hecho un compromiso de toda la vida de depositar mi vida en la Palabra de Dios, y Dios ha honrado ese compromiso. Y sin embargo ha habido momentos en que pude fácilmente haberme retractado de mi compromiso porque no podía creer que algo fuera más cierto que lo que estaba pasando – veces cuando mis sentimientos se han intensificado 180 grados en dirección opuesta de la Palabra de Dios pero una y otra vez he encontrado a Dios siendo fiel a Su Palabra.
Por Ney Bailey


SENTIR LA PRESENCIA DE DIOS


APRENDAMOS A BUSCAR LA PRESENCIA DE DIOSPARA ELLO HACE FALTA INTENSIDAD Y HAMBRE

Tenemos que aprender a buscar la Presencia de dios, para ello hace falta intensidad y hambre. Todo esto va envuelto en una nube de la presencia de Dios. Con los cinco sentidos que Dios nos ha dado es para discernir todo lo que nos pasa. Generalmente es muy fácil sentir su Presencia cuando todo alrededor es una balsa de aceite, pero decir que estamos sintiendo la Presencia, ¿habiendo disensiones entre las  hermanas? No puede ser en absoluto.

Debemos por el Espíritu Santo llegar incluso a corregirnos sin temor de ofensas (si no, no sería por el Espíritu Santo). Humanamente hacemos cosas para imitar que tenemos la presencia, pero esto no lleva a ninguna parte.
Si de verdad ofendemos en palabra o en hechos a alguien, la verdadera Presencia hace que rectifiquemos y nos tiremos al suelo para pedir perdón. Hoy el pueblo de Dios en general, no practica el pedir perdón, es más, incluso se le ha olvidado, reconocer sus falta. ¿Cómo de esta manera intentan hablar del Amor de Dios, de la comprensión? Ante los ojos de Dios, nuestra vidas están expuestas y el día que estemos ante su Persona, Él nos preguntara ¿Qué es lo bueno que no hiciste? ¿No perdonaste? Al perdonar desde lo profundo del corazón, es cuando sentimos de verdad su Presencia. Sin ese perdón no se alcanza la Unidad de las mujeres en el Pueblo de Dios en general.
Todos decimos amar a Dios con todo el corazón (incluso las religiones más importantes) pero lo que nos puede hacer diferentes a los hijos de Dios es la capacidad de perdonar como Jesús. Obedecer su Palabra es la base de una vida congregada y decidida a servirle. No viene la presencia tan fácilmente y sin perdón. Sentir un temblor o un escalofrío no define ni lejos la Presencia. Sin cambiar mi actitud y mis ofensas, mentimos si decimos que tenemos su Presencia. Los demás lo pueden decir según nuestro ejemplo y testimonio.
Oír estos temas y no meditarlos en el corazón es como preparar una comida deliciosa y sólo olerla y no probarla.
Empezar a reconocer lo vacías que estamos, es lo mejor para pedir perdón nosotros primero.
El Amor de Dios no actúa por libre, es exclusivo del Perdón sin condición. El Perdón de Jesús dice “Ellos no saben lo que hacen…” nos pensamos que a nosotros nos hacen más que al Señor.
La Presencia que se siente al mirar al Dios Vivo es incomparable. La Presencia y el Amor de Dios miran a la derecha donde está el prójimo necesitado.
Mientras uno mira al Cielo sino mira al prójimo no agrada a Dios.
Los sentimientos, las penas son muy traicioneras y no hemos de obedecerlos.
Para sentir su presencia hay que tener la boca cerrada y no considerar los sentimientos que nos rodean. Su Presencia es pura y se marcha cuando nuestro corazón no reúne los requisitos. La misma Presencia de Dios no te hace hablar, te hace estar en la prudencia del silencio. Él es justo y no quiere que nos defendamos a nosotros mismos, porque nos equivocaremos seguro.
El Amor de Dios nos limita, es decir, no nos permite muchas cosas. Este nos enseña a caminar en la vida cristiana pero cambiando todo lo viejo. No quiere su Amor dar paso a rebeldías, envidias etc. del pasado. Si no cambio de verdad no puedo hablar de su Presencia, de experiencias en visiones, todo eso es falso, falso. Con la Presencia, podemos llegar al final de los días, aunque afligidos, pero con su Presencia. El Dios bueno hace que en medio de la tribulación y la persecución sintamos el Amor de Dios y su Presencia, como en el caso de los Pastores, tienen sus espaldas cosidas de cuchillos de murmuración, pero el Dios del Cielo se encarga de traer Paz a sus vidas. La Presencia te prepara para recibir la persecución. No es la misma que tienen los ministerios que el pueblo. En el caso de los Pastores de Samaria, un ángel del Señor le avisó por visión a la Pastora de que venía una prueba muy fuerte a casa, le dijo que estuviera firme y preparada. Esta experiencia, la asustó en principio pero luego le ayudo a estar preparada para recibir el golpe. Para mantener su Presencia de continuo, Maru no permite nunca, nunca, que le hablen nada malo de ninguna congregación. Si me hablan mal de otra iglesia, seguro que también lo harán de la mía después. Cada pastor dará cuenta de la iglesia que está guiando. Una congregación sin el Amor de Dios y sin la Presencia crea confusión en la sociedad. Cuando hay una obstinación en las mentes, es muy difícil entender el camino. Los sentimientos deben quedarse al lado del camino y mirar a la meta solamente. Su Presencia debe acompañarnos siempre. A veces incluso en lugares que visitamos hemos sentido una mala presencia (del diablo) y esto nos perjudica y debemos salir de ahí. Las personas Ungidas por su Presencia desprenden una dulzura y una paz que contagia. La Presencia se trasvasa de los Pastores a las personas sensibles al Espíritu. Las cosas del Espíritu siempre merecen un respeto con temor. A veces el contraste de su Presencia con los sentimientos de las personas crea un contraste muy fuerte; pero nunca debe provocar miedo.
La Presencia es sobrenatural y no hace desfallecer pero no se puede comparar con nada natural. Su Presencia es más que una experiencia es el contacto de lo divino con lo terrenal.

Bendiciones.

viernes, 15 de julio de 2016

LOS BENEFICIOS DE ESTAR EN EL CAMINO DE DIOS, UNA VEZ PROBADO NUESTRO CORAZON:

LIBRO DE SANTIAGO CAPITULO 5: VERSÍCULO 11

He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. Si les contara amigos no lo creerían, pero estas promesas son solo para sus hijos, para todos aquellos que practican la justicia, la verdad, el amor, el perdonar, olvidar, etc. Para los que NO HUYEN DURANTE LAS PRUEBAS, para los que NO le dan la espalda al Señor ni maldicen su santo nombre, para los que resisten en los días malos con paciencia, mansedumbre, FE Y ESPERANZA.

 No es imposible, sino ningún ser humano sería salvo (eso está bien claro). Y así como yo hay muchas otras personas que lo hemos logrado, claro al principio no fue fácil, igual cometimos errores y pecados (pidiendo perdón) pero a pesar de ello es permanecer en el camino pase lo que pase, veamos lo que veamos, sintamos lo que sintamos. Si de verdad permanecemos firmes y fieles, dice su palabra que el Señor honra a los que lo honran, y hacer estas cosas es honrar a Dios. Al final cada quien recibirá lo que sembró sea para bien o para mal. Si a usted le hicieron una injusticia, si lo insultaron por causa de la palabra de Dios o de su buena conducta, etc., de verdad no se preocupe que Dios mismo lo defenderá a capa y espada pero solo si usted actuó de la manera correcta. No me mal interprete cuando digo DE LA MANERA CORRECTA, no es actuar con insultos y maldecir a la persona que lo lastimó, mucho menos es querer defenderse por venganza o por querer hacer justicia con sus propias manos. Cuando digo hacer lo correcto, es guardar silencio ante aquella persona o situación que lo hirió por muy grave que haya sido la ofensa o daño, de ninguna manera se desquite con él o ella. Lo que Dios espera es que usted vaya en oración y solo con él se exprese, saque todo, no deje nada guardado para que pueda entrar al "proceso" de "limpieza espiritual", y después lea la palabra de Dios y trate de ayunar lo más que pueda, verá que haciendo eso DIOS LO RECOMPENSARÁ ENORMEMENTE, solo espere. Si no me cree está en todo su derecho de darse la media vuelta y salir. Estas recompensas son solo PARA LOS QUE EN ÉL ESPERAN Y SON PACIENTES. Todo lo que el enemigo le haya quitado, Dios se lo devolverá multiplicado y estará bien bendecido por su mano, solo si actúa correctamente y es paciente para esperar su recompensa. Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Para los que no conocen la historia de Job en la biblia.... Él era un hombre poderoso, muy rico y bien bendecido por Dios, tenía todo lo que quería porque era un varón íntegro y justo delante de Dios. Hasta que un día vino el enemigo ante el Señor (porque aún él tiene que rendirle cuentas) y Dios dijo: Ves a mi hijo Job, no hay hombre más íntegro que él. Y el enemigo le dijo: Eso lo hace porque lo tiene todo, pero quítale todo lo que posea y verás cómo va a blasfemar tu nombre; y Dios dándole permiso al enemigo de quitarle todo lo que Job poseía, hasta dejarlo en la miseria y la desgracia. Todo le fue quitado a este hombre, sus hijos, su mujer, sus cosas, todo, hasta su salud, porque le dio lepra y esa es una enfermedad terrible. Pero todo eso lo PERMITIÓ Dios para probar su corazón, para ver si de verdad lo amaba Job. A pesar de todo su dolor tanto físico como espiritual, Job permaneció firme y fiel en el camino; él también como cualquier ser humano pensaba que sería mejor rendirse, pero fue su fidelidad más grande que su sufrimiento que al final DIOS LO BENDIJO DE UNA MANERA IMPRESIONANTE, le devolvió todo y multiplicado, más hijos, más bienes, entre otras cosas.

jueves, 14 de julio de 2016

PRUEBA Y BENDICIÓ DE DIOS

OTRA PRUEBA, OTRA BENDICION

 No sé si tú has oído el mensaje de que los creyentes no vamos a sufrir en esta vida ni vamos a pasar dificultades ni pruebas ni tentaciones, incluso algunos atrevidos enseñan que el creyente es un “Superman”, me gustaría decirte algo: ¡esto es falso! NO existe el creyente “Superman” que nunca enferma, que nunca pasa escasez, que nunca se cansa, que nunca pasa pruebas . . . y si alguien te dice lo contrario te está mintiendo.

Dios probó a su Pueblo y sigue probando a su Pueblo. Tenemos un versículo que nos dice claramente que un hombre fue probado por Dios, Abraham, el amigo de Dios:
“Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham . . .”
Génesis 22:1
“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac . . .”
Hebreos 11:17
No solamente nuestro Padre Abraham fue probado, también nuestro Pueblo, Israel, fue probado en el desierto.
“Y te acordarás de todo el camino por donde el SEÑOR tu Dios te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos.”
Deuteronomio 8:2
Ninguna prueba está diseñada para que NO la superemos, todas las pruebas están diseñadas para asegurarnos que tenemos la madurez para entrar al siguiente nivel espiritual, a la siguiente fase de nuestras vidas. Hay fases en nuestra vida y cuando acaba una fase debemos pasar por una prueba para llegar a la siguiente fase, si no pasamos la prueba debemos permanecer en la misma fase que estábamos.
Dios también probó a su amado Hijo Yeshua:
“Entonces Yeshua fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.”
Mateo 4:1
Una cosa interesante cuando miras el griego es que la palabra griega para “tentación” es la misma que para “prueba”. El Espíritu Santo envió a Yeshua al desierto para ser tentado/probado. Yeshua era perfecto y fue tentado. Antes de iniciar su ministerio Yeshua tuvo que ser probado.
Hay dos tipos de tentaciones / pruebas:
-      Las que nosotros mismos producimos. Debido a nuestra desobediencia nos metemos en diferentes pruebas / tentaciones. Dios NO tiene nada que ver con este tipo de pruebas porque Dios NO tienta/prueba a nadie usando algo pecaminoso (el mal).
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”
Santiago 1:13 y 14
Gracias a Dios que incluso en medio de estas pruebas podemos clamar a Dios y podemos ser liberados.
 “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
II Crónicas 7:14
Las que son por la voluntad de Dios. Las pruebas que experimentamos por la voluntad de Dios, son pruebas que nos vienen con una salida como nos indica el siguiente versículo:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación / prueba que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados / probados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación / prueba proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”
I Corintios 10:13
Dios nos da la tentación juntamente con la salida. Estas son las pruebas que nos vienen por la perfecta voluntad de Dios. Este tipo de prueba es llamada “la prueba de nuestra fe”.
“En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Yeshua HaMashiaj.”
I Pedro 1:6 y 7
 “Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada.”
Santiago. 1:2-4
Nuestra Fe necesita ser probada. La prueba de nuestra fe produce paciencia y cuando la paciencia se produce, podemos recibir las promesas de Dios. La fe y la paciencia traen el cumplimiento de las promesas de Dios.
“. . . a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.”
Hebreos 6:12
Por la fe y la paciencia podemos recibir las promesas de Dios. Si no somos probados no se producirá paciencia en nuestra vida y no heredaremos las promesas.
Estos dos versículos usan la misma palabra española para “paciencia”, pero en griego son dos palabras diferentes con matices diferentes, veamos:
“ . . . sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia – HUPOMONE -”
La palabra griega que tenemos en Santiago es HUPOMONE, dicha palabra viene de dos palabras:
HUPO = BAJO MONE = MORADA
¿Qué sucede cuando viene una prueba a nuestra vida? Si somos creyentes, corremos a Dios, corremos y vamos a su presencia, bajo sus alas, bajo su morada. Toda prueba nos lleva a la morada de Dios, nos lleva a permanecer bajo Su Presencia. Un versículo muy interesante donde podemos ver la palabra MONE como verbo (gr. meno) se encuentra en Juan:
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.”
Juan 15:4
La prueba produce que permanezcamos en Él, que demos mucho fruto.
“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.”
Juan 15:5
Permanecer en Yeshua también implica permanecer en su Palabra, que su Palabra more en nuestros corazones.
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.”
Juan 15:7
La otra palabra griega para paciencia en Hebreos 6:12 es . . . MAKROTHUMIA.
“. . . mediante la fe y la paciencia – MAKROTHUMIA - heredan las promesas.”
Esta palabra también está compuesta de dos:
MAKRO = LARGURA THUMIA = ANIMO / PASIÓN
En algunas ocasiones, se ha traducido por “longanimidad”, esta palabra nos habla de perseverar amando al Señor en medio de la prueba.

En medio de la prueba necesitamos HUPOMONE y necesitamos MAKROTHUMIA, necesitamos permanecer en Dios y en su Palabra, necesitamos perseverar en nuestra pasión y nuestro amor hacia Él.
“Señor, aunque estoy enfermo, aunque tengo escasez, aunque me están atacando,